Rojo óxido, cara de niño
Lo primero que reclama sitio en una pared es el color, y el de Togar no se calla: un rojo óxido cálido, el tono con el que un orangután va por la vida sin poder esconderse. De lejos, entre ramas, ese rojo se disimula un poco; de cerca, y en un póster más aún, es lo que manda. Contra la cara gris de cría y los ojos oscuros y grandes, tira de la mirada de cualquiera que entre en la habitación.
Encima lleva ropa de crío de verdad: el peto vaquero de denim y la camiseta de rayas naranja y blanco riman con el pelaje sin llegar a igualarlo, y le dan ese aire de niño que se ha vestido para salir. No hay nada más alrededor: ni selva pintada, ni ramas, ni cielo. Solo Togar, y con él basta. Queda bien en un cuarto infantil, en un rincón de lectura o en la pared donde ya cuelgan otros marcos.







