El palo que no suelta
Togar tiene cinco años cuando se fija en que su madre mete un palo en el fruto que va protegido por pelillos que se clavan, para sacarle las semillas sin hacerse daño, y en un tronco viejo para llegar a la miel. Así que se busca el suyo. Lo prueba, no le sale, lo vuelve a probar. Y se queda con él.
Ese palo no le viene de fábrica. Usar una herramienta para abrir un fruto o sacar la miel es algo que se aprende mirando, que las madres pasan a las crías, y que cada valle del bosque hace un poco a su manera, como quien hereda una costumbre. Togar la está recibiendo gesto a gesto, sin saber que un día se la pasará a otra cría. De momento lo lleva a cuestas a todas partes, lo mismo que tú vas a llevar esta bolsa: siempre encima, por si acaso.







