Hacerlo él mismo
Lo que sostiene el día de Togar es un empeño muy de crío: quiere hacerlo él mismo, ya, sin esperar a ser mayor. Enseña orgulloso lo que le sale a medias, insiste cuando no le sale, y ante cada tropiezo suelta su «todavía no, pero un día sí» como quien se da cuerda solo. Es, en el fondo, puro afán de crecer.
Por eso esta lámina funciona tan bien colgada donde alguien está aprendiendo algo: la habitación de un niño, un rincón de estudio, la pared frente a una mesa de trabajo. Togar mira desde el marco con esa cara despierta de niño que aún no llega a nada de lo que será. Es de esas imágenes que se regalan con intención: a un peque que empieza algo, a alguien que se ha propuesto una meta difícil, a quien le venga bien tener a la vista a un pequeño que, cuando algo se le cae, vuelve a montarlo. Es un cuadro listo para colgar; solo queda elegir la pared.







