De ella lo saca todo
Toda la vida de Togar, corta como es, cabe entera en una sola figura: su madre, Tiur. No hay maestro, ni grupo de crías, ni nadie más que enseñe. Hay una hembra que va por la copa buscando comida y un pequeño detrás que mira cada cosa que ella hace y trata de repetirla al momento. Así funciona su pueblo: una cría pasa años pegada a su madre y lo saca todo de observarla, sin que nadie le dé una lección. Para Togar, aprender es sencillamente su manera de estar con ella. Cada gesto que le sale un poco mejor es un rato más en la misma rama, a su lado. Tiur, por su parte, sabe que a su hijo le queda muchísimo por delante, y no lo apura: le deja mirar, equivocarse y volver a intentarlo a su ritmo, como hicieron con ella cuando era la pequeña de la copa.







