La voz del otro lado del valle
Algunas madrugadas, cuando el bosque todavía está oscuro, llega un sonido largo y hondo desde muy lejos: la llamada de un macho grande de orangután, de las carrilleras anchas, que vive en el valle de al lado. Es la voz que llega más lejos de todo el bosque —se oye a cerca de kilómetro y medio, más que ninguna otra—, y avisa, sin más, de que ese grande está ahí.
Togar se queda quieto cuando la oye. Escucha hasta que el sonido se apaga del todo, y solo entonces vuelve a lo suyo. Sabe, sin que nadie se lo explique, que esa voz es su horizonte: un día será él quien la tenga, con su vozarrón y su propio trozo de bosque por el que andar. De momento, cuando lo intenta, le sale un chillido de nada. Pero no le importa: lo vuelve a probar al día siguiente, y al otro, como quien ensaya una talla que todavía le viene grande.







