Setos en invierno, liebres en verano
En invierno, Olwen pliega los setos vivos del valle a mano. En verano no hay seto que plegar, así que hace otra cosa: sale antes del amanecer a contar liebres para el censo del condado. Camina los linderos, se para, apunta el número exacto en una libreta con una goma elástica, y no habla con nadie durante horas. Descubrió el primer verano que era lo más parecido a un descanso que conocía. El precio se discute una vez y no baja; los números del censo los entrega sin comentario. Plegar en invierno y contar en verano son, para ella, las dos mitades de una misma cosa.







