Caminar el tramo antes de tocarlo
Antes de dar un precio o un corte, Olwen recorre el seto de punta a punta a pie, mirando dónde parte cada rama; nunca lo juzga desde el coche, y no corre un trecho que no haya caminado antes. Va en su forma de ser: necesita ver por dónde va y tener siempre pensada la vuelta. Por eso Cardiff le cerraba el pecho —no había ningún sitio desde donde ver lejos— y por eso conduce por el camino de tierra aunque tarde el doble. Una mochila hereda ese modo de andar: te echas lo del día encima y sigues.







