El chaleco que le viene grande
El chaleco de espiga ciruela que Olwen lleva no era suyo. Se lo dio Emrys, el plegador que le enseñó el oficio, el invierno en que ya no pudo subir la cuesta del tramo alto: «toma, a mí ya no me abriga», y punto. Le viene grande de hombros, no se lo ha arreglado y no piensa hacerlo. Lo lleva puesto como quien lleva puesto el oficio entero, y que le venga grande cuenta, sin que ella lo diga, que quien enseñaba era mayor.







