Terca, y a mucha honra
Olwen tiene una terquedad que ella misma reconoce. En su historia lleva tres inviernos sin hablarse con un vecino por una vieja discusión, y por medio hay un seto que se va quedando hueco por abajo —tres metros donde las ovejas asoman la cabeza—, que ella ve cada vez que pasa y que no arregla. Sabe lo que le cuesta, y aun así va a su bola. Para alguien que empieza a saber quién es, una liebre que se sostiene en lo suyo, aunque le salga caro, es buena compañía en una camiseta.







