La liebre que no descuelga el teléfono
En su historia, Olwen dice el precio una vez y no lo baja, y a veces eso le sale caro. Con un ganadero del fondo del valle tuvo una discusión de precio en la que sobraron exactamente dos frases, una de cada uno; ninguno las ha retirado, y llevan tres inviernos sin hablarse. Ella lo sabe, sabe lo que le cuesta, y aun así no descuelga el teléfono. El retrato no cuenta nada de eso: solo deja ver su cara serena, de frente. Lo demás está en su biografía.







