La madrugada de las catorce flores
Su padre lo sacó de la cama de madrugada cuando tenía once años y lo subió a una parcela en flor. Le puso una astilla de bambú en la mano y le enseñó el gesto entero, despacio: levantar el rostelo, apretar la polinia contra el estigma, soltar y pasar a la siguiente. Stan casó catorce flores aquella mañana y se durmió sentado entre dos hileras antes de las nueve. Ocho años después sigue empezando a esa hora, a oscuras, esperando a que abra la primera flor del día. Quien va rápido vacía su hilera antes de que apriete el calor.







