La sudadera debajo
Lo primero que ves de Nala es la chaqueta. Denim azul hielo lavado, cubierta de arriba abajo de tachuelas piramidales plateadas. Cada una clavada a mano. Es el tipo de prenda que dice "no te acerques" antes de que abras la boca. El lobo de tierra hace lo mismo: eriza una cresta de pelo largo a lo largo del lomo y consigue parecer un cuarenta por ciento más grande de lo que es. No tiene la mordida para respaldarlo. No tiene la masa. Solo tiene el display.
Nala mide un metro sesenta y dos. Pesa cincuenta y dos kilos. Con la chaqueta puesta proyecta algo que la gente confunde con dureza.
Pero luego está la sudadera. Rosa pálido, con capucha, asomando por el cuello y el pecho. No está escondida. Nala la deja asomar a propósito. Es la misma persona que te ofrece un vaso de agua fría sin que lo pidas durante una sesión de tatuaje, que recuerda tus alergias, que para la aguja antes de que tengas que pedirlo. El collar de pinchos negro — cuero, conos metálicos, cerrado al cuello — no es provocación. Es un regalo. Se lo dio su mentor el día que hizo su primer tatuaje completo. Una nota dentro: "No te lo quites." No se lo ha quitado en seis años.







