Un koala que va a su bola
Lo que la camiseta te pone en el pecho es la cara: un koala de orejas grandes, mirada de frente, con su camisa puesta. Lo que no cabe en el algodón es el rollo: en su historia, Cooper pone la música que le da la gana en la radio del pueblo a las seis de la mañana, y si una canción no le convence, no la pincha aunque se la pidan diez veces. Tiene su silla, su sitio, su gusto, y no los cambia por seguir la corriente.
No es de ir en manada. Va a su aire, con su voz y su forma de hacer las cosas, y le va bien así. Para alguien que empieza a saber qué le gusta y qué no, un koala que no imita a nadie es buena compañía en una camiseta. Si te pica saber a qué suena ese koala, está todo en la vida de Cooper.







