Un koala para llevar a todas partes
Esta bolsa de tela de koala está pensada para el trote: la compra del mercado, los libros de vuelta a la biblioteca, la fruta, el pan, lo que caiga. Cooper le pega, porque su lado práctico es el que más asoma. Además de la radio, se pasa media jornada haciendo recados y repartiendo por el pueblo: alguien que carga cosas de aquí para allá sin darle importancia.
En el retrato solo se ve la cara amable, un koala de orejas grandes y nariz negra ancha, con pinta de peluche tranquilo. Lo demás —a qué se dedica, cómo empieza el día antes de que amanezca— lo cuento en su historia, no cabe en una tela. La bolsa te da el buen humor a la vista; el resto está aparte.







