Veintiuna horas de luz
Islandia en julio tiene veintiuna horas de luz. El sol baja pero no llega a irse. A las diez de la noche la luz es naranja y larga, y el muelle de Grandi tiene esa cualidad de sitio que no se decide a cerrar. Alek trabaja nueve horas, come un sándwich en el muelle — el que prepara la noche anterior, siempre pan oscuro, queso, algo de embutido —, y después va a la piscina Vesturbæjarlaug, cinco minutos andando. No va a nadar. Va al hot pot. Siempre el de la esquina izquierda, donde coincide con un electricista jubilado que no le pregunta por el trabajo y con una mujer que trabaja en una librería y lee en el borde del vaso. Hablan de clima. Del precio del cordero. De si el verano está siendo largo o corto. En el agua caliente, con el viento del norte en la cara, Alek habla más que en todo el día.
En enero todo cambia. El taller cierra a las tres de la tarde porque a las tres ya no hay luz útil. Cuatro horas de día en diciembre. Alek tiene la tarde entera por delante y no sabe bien qué hacer con ella. Cocina cosas lentas — guiso de cordero, plokkfiskur, un plato islandés de pescado desmigado con patata y bechamel que su madre hacía en Heimaey —, escucha la frecuencia VHF marina aunque no tenga turno de guardia, lee catálogos de piezas de motor Yamaha y Mercury que otros considerarían material de reciclaje. No enciende la televisión. No es que esté triste. Es que funciona en otro régimen. Más lento, más denso, más callado. Como si el cuerpo se ajustara al mismo ciclo que el de los frailecillos que anidaron en los acantilados de Heimaey seis meses antes: colonial y ruidoso en verano, solitario y pelágico en invierno.
En marzo, cuando los días empiezan a estirarse y el primer barco de la temporada entra en Grandi para una revisión de casco, algo se enciende otra vez. El café vuelve a las cinco tazas, las herramientas aparecen listas antes de que llegue nadie, y la ventana de la cocina del semisótano en Vesturbær vuelve a estar entreabierta aunque haga diez bajo cero. [Alek](https://www.yagopartal.com/es/animal-kinhood/alek/) es un personaje de ritmos largos, y el retrato lo atrapa en su versión de verano: colores vivos, mirada firme, hombros elevados como si compensara el viento. El jersey de franjas amarillas, blancas y rojas es su plumaje de temporada. En invierno todo eso se apaga.







