Las mañanas frías del altiplano y las capas de ropa
A mil doscientos metros sobre el nivel del mar, en el altiplano sur de Madagascar, las mañanas empiezan con temperaturas que pueden bajar de diez grados. Wesley sale de casa con todo puesto: camisa, chaleco, abrigo. La transición entre el frío de las siete y el calor del mediodía es tan brusca que la ropa tiene que funcionar por capas. El abrigo se quita a media mañana. El chaleco se queda puesto porque la sala de mediación, con las ventanas abiertas — siempre abiertas, Wesley necesita que el aire circule —, mantiene una temperatura que no termina de ser cómoda hasta las once.
Esa lógica de capas es la que aparece en el retrato. La ropa que necesita alguien que trabaja en un edificio de piedra sin calefacción, en una ciudad donde la altitud dicta cuántas prendas llevas encima al salir de casa y cuántas llevas al volver.
La sudadera que tienes delante funciona con la misma idea. Interior afelpado suave que retiene el calor. Exterior de algodón y poliéster con un tacto que aguanta bien el uso diario. ¿Para qué época del año sirve? Para cualquiera en la que necesites una capa intermedia que abrigue sin pesar: otoño, invierno, primaveras que no se deciden, aires acondicionados de oficina en julio. Las tallas van de la S a la 5XL, con un corte holgado que no aprieta en los hombros ni en las caderas.







