¿Qué animal
eres?
Descubre cuál de los 32 personajes del catálogo te representa. 18 preguntas que cambian cada vez, cruzadas contra los vectores etológicos de cada retrato.
Todos llevamos un animal dentro. No el que elegirías — el que ya eres.
Sé el primero en completar el test.
Cómo funciona
Tres minutos, puro instinto
- Respondes 18 preguntas por instinto. No hay respuestas correctas ni incorrectas.
- Tus respuestas dibujan tu perfil en seis rasgos de personalidad.
- Ese perfil se compara con los 32 personajes y te devuelve el que más se te parece.
El reparto
Los 32 animales que puedes ser
Cada uno con su historia, su especie y su sitio en el mundo. El test te empareja con uno; aquí están todos.
- Alek — El frailecillo atlántico callado y leal que repara motores de barco en el puerto viejo de Reikiavik. De niño, en Heimaey, rescataba crías de frailecillo despistadas por las farolas y las devolvía al mar de noche. Aparece un sábado con el taller cerrado, te arregla el motor porque el lunes sales a faenar, y se va sin cobrarlo ni apuntarlo.
- Ayana — La jirafa de África occidental que lleva doce años grabando voces que nadie más graba. Desde Niamey coordina un archivo oral de Kouré: 180 horas de grabación, 67 informantes y cada nombre guardado en la cabeza. Llega a cada visita, acepta las tres rondas de té del ritual, y solo entonces enciende la grabadora.
- Bagus — Un elefante asiático boticario, de un pueblo de montaña de Sumatra, que diagnostica de olfato en una botica de remedios de hierbas, raíces y especias. Se crió aprendiendo las plantas detrás de la matriarca de la manada, muele con el mortero de piedra de su abuela y ata detrás del mostrador un manojo por cada vecino al que no pudo curar.
- Benjamin — Benjamin, lobo ártico callado y de fiar, mantiene máquinas en marcha donde casi nadie llega: seis estaciones por el Ártico, en motonieve y avioneta a menos cuarenta. Gris sobre gris sobre blanco; lo único que le brilla, la cadena de plata de su padre. No se despide: dice «ya vuelvo», y vuelve.
- Birdie — El niño pingüino que se pasa el día en la Estación del Fin del Mundo, en Ushuaia, contando a la gente del andén para que no falte nadie. Junta a los que tienen frío, reconoce a cada uno por la voz y guarda una lata siempre llena. Y espera, con la mano de visera, a que su padre vuelva del mar.
- Bruno — La mantis religiosa que mezcla el sonido en directo en las salas de Marsella. De crío se quedaba tan quieto en el jardín que las lagartijas se le subían a los pies. Trabaja igual: con la banda mirándole, espera a que la sala le diga qué falla antes de mover un fader.
- César — La pantera negra que funde oro al amanecer en un taller sin cartel, sin web ni inauguración: una placa de latón y nada más. Lo primero que ves es su cadena, ciento veinte gramos que se forjó a los quince con el último oro de su padre, eslabón a eslabón. No se la quita nunca.
- Cooper — El koala que cada mañana, de seis a nueve, conduce gratis el programa de desayuno de la radio comunitaria de Wauchope. Se levanta a las cinco con un café hirviendo y abre la antena con un «Mooorning, Wauchope» grave y largo. Lee nacimientos y esquelas, y no falla un solo amanecer.
- Dolma — Una niña panda roja, solitaria y todo ojos, que patrulla el bosque nuboso del Himalaya con los guardabosques desde las ramas más altas. No grita: avisa doblando tres ramas, y anota a cada panda salvaje por su cola en un cuaderno que no enseña a nadie.
- Faiz — El zorro rojo árabe que repara aires acondicionados por todo Mascate pero vive sin ninguno: un tercero sin ascensor y un ventilador de los noventa. En el gremio le llaman «el Oído», porque adivina qué compresor va a pararse. Y al que no puede pagarle, le arregla el aire igual.
- Fernando — El toro ibérico tranquilo y testarudo que forja cancelas para la dehesa en la fragua de piedra que fue de su abuelo, cerca de Trujillo. Sabe sin termómetro cuándo el carbón está a punto, por el color y el sonido. Cuando le meten prisa, dice «ya te digo» y se toma su tiempo.
- Gavino — Un orejudo sardo relojero, nocturno y de pocas palabras, que arregla de oído en un taller de Nuoro que solo abre de noche. Viste pajarita y chaleco de espiga, guarda el diapasón de su padre y, al cerrar, da cuerda a los relojes que nadie vino a recoger.
- Hrafn — Un cuervo cartero, callado y con memoria de elefante, que reparte por un valle de los fiordos del este de Islandia y cruza el puerto de montaña cuando está abierto. Esconde cosas por la carretera para encontrarlas meses después, y guarda en un cobertizo todo lo que la cuneta deja sin dueño.
- Ikal — El axolotl que lleva ocho años escuchando el fondo de una chinampa en Xochimilco. A las seis y cinco entra al canal con las botas hasta la rodilla y lee el agua antes que nada: saca un puñado de lodo, lo huele y nota medio grado de más. Sabe lo que ese medio grado significa para los últimos ajolotes.
- Isabella — Lechuza común que masteriza sonido de noche en Gante, de seis de la tarde a seis de la mañana. Trabaja con los ojos cerrados y oye un pico que el cliente no capta y ella sí. Cuida a la gente escuchando cómo suena, no preguntando cómo está.
- Jeong — El leopardo de Amur de veintiún años que pilota drones sobre los últimos 130 que quedan salvajes. Mientras otros usan software, él los dibuja a mano, roseta a roseta, con un lápiz que calienta entre los dedos a menos veinticuatro. Los veteranos le llaman Fantasma.
- John — Un águila calva de Duluth, luthier de pocas palabras y buen ojo, que da voz a las guitarras de media ciudad porque la suya es fina y se la calla. Sube a lo alto a mirarlo todo antes de actuar, no tira nada, y guarda en el banco una guitarra suya que nunca termina.
- Kiri — Kiri, kakapo de mediana edad y matrona de una isla del sur de Nueva Zelanda donde algunos años no nace absolutamente nadie. Chaqueta de sastre, pañuelo de flores y un broche de perlas heredado. En los años vacíos hace igualmente la ronda cada noche, con el maletín cerrado.
- Liam — El oso negro americano que elabora cerveza en un antiguo taller de carpintería de Carolina del Norte, con lo que recoge él mismo en el bosque: miel silvestre, corteza de abeto, bayas. Lo prueba todo antes de usarlo, cierra los ojos tres segundos y entonces sabe. Cuida a la gente con gestos, no con frases.
- Lowanna — El tiburón blanco que trabaja de socorrista en Port Lincoln —gorra rosa, chaqueta amarilla como las banderas de precaución—. Lee el agua como otros leen caras: sabe que una corriente va a cambiar por cómo se mueve la espuma. De día saca gente del mar; fuera de turno defiende, para unos biólogos, al animal que todos temen.
- Mansa — La elefanta de sabana de ocho años que se acuerda de todo: de lo que le contaste y de lo que callaste. Cada noche, antes de apagar la luz, toca tres piedras del alféizar en el mismo orden —gris, roja, negra—.
- Nala — Nala, lobo de tierra de aspecto duro y fondo paciente, tatúa a mano en Johannesburgo hasta la madrugada, punto a punto. Chaqueta de tachuelas y collar de pinchos por fuera, sudadera rosa asomando debajo. Si un tatuaje no le sale honesto, lo repite.
- Nayna — La gueparda que arregla motos en un taller de chapa de Nairobi, NAYNA MOTORS pintado a mano por ella en el portón azul. Cada mañana pone flores frescas en un bote de aceite vacío. Trabaja a ráfagas: cuatro horas sin levantar la cabeza y luego para en seco. Con el precio no discute: «es el que dije».
- Ndong — Ndong, mandril de treinta y un años y maquinista del tren lento que cruza Gabón de Owendo a Franceville. Gorro naranja, chaquetón de faena y mono de trabajo. Vive solo en un cuarto de Owendo y su familia es una comunidad de más de seiscientas personas dentro del bosque.
- Nur — El pangolín malayo de seis años, callado, que guarda bajo la cama una caja de galletas llena de piedras —la primera, de Changi Beach—. Huele las cosas antes de tocarlas y, con los ojos cerrados, acierta de qué puesto de comida viene cada plato. A un pangolín no se le abre a la fuerza.
- Olwen — La liebre europea que vive en un valle de Gales y en invierno pliega setos vivos, un oficio casi extinto: dobla árboles pequeños casi hasta el suelo sin matarlos y los teje entre sí. Trabaja al alba, con el podón y sin guantes, para sentir dónde parte la rama. Habla poco; lo que hace, dura.
- Otto — El zorro ártico callado y perfeccionista que se despierta a las tres y cuarto sin alarma y clasifica bacalao en una cámara a veinte bajo cero, en Tromsø. Los camioneros le llaman «orejas»: oye qué máquina va a fallar semanas antes que nadie. Arregla las cosas y no lo cuenta.
- Tiziri — Tiziri, gata de las arenas de veintisiete años que busca fugas de agua en la red de Ghardaïa, en el Sáhara argelino. Abrigo de lana gris verdoso, camisa color crema y una cadena fina de oro. Trabaja de noche, a pie y sola, y no deja que nadie más recorra su sector.
- Togar — Una cría de orangután de Sumatra que se pasa el día copiando a su madre en lo alto de la selva de Leuser: hace nidos de práctica que se le deshacen, aprende las frutas señalándolas para que ella las nombre, y no suelta su palito. Todo lo suyo es «todavía no, pero un día sí».
- Wesley — El lemur de cola anillada que media conflictos entre vecinos en la mairie de Ambalavao. Llega siempre a las ocho menos cuarto, abre las dos ventanas y espera cinco minutos a que el aire se mueva. Luego mueve su silla diez centímetros para sentarse un minuto de cara al sol.
- Yara — Yara, caimán negro de una minuciosidad obsesiva, masteriza música de noche con la persiana bajada. Puede pasar cuarenta minutos sobre el mismo segundo sin tocar un fader: no persigue el fallo, espera a oír si es el que pensaba. Al séptimo pase sube décimas de decibelio, y ya está.
- Yeray — El canario atlántico que graba sonidos de la ciudad y abre su libreta nada más cruzar el umbral: según lo que apunta, decide adónde ir. Hay mañanas que no graba nada, solo camina y anota «brisa», «eco». Lleva un jersey de mil colores, demasiado alegre para alguien que trabaja en silencio.
Preguntas
Preguntas frecuentes
¿Cuánto dura el test de Animal Kinhood?
Unos 3 minutos. 18 preguntas que respondes por instinto: no hay respuestas correctas ni incorrectas.
¿El test es gratuito?
Sí, totalmente gratis. No hace falta registrarse ni dejar el email para ver el resultado.
¿Cómo se elige mi animal?
Tus respuestas dibujan un perfil que se compara con los 32 personajes de Animal Kinhood. El más cercano es tu resultado.
¿Puedo compartir mi resultado?
Sí. Tienes una tarjeta para compartir con el retrato del personaje, su perfil y su afinidad, y puedes retar a un amigo.