Cincuenta kilómetros de bosque
El corredor ecológico transfronterizo es la obsesión técnica de Jeong. Los territorios de los leopardos de Amur abarcan entre cincuenta y doscientos kilómetros cuadrados, y el plan consiste en conectar la población del lado ruso con la del lado chino a través de una franja de bosque viable. La idea suena sencilla. La ejecución es otra cosa: mapas topográficos pegados en la pared con cinta adhesiva, coordenadas anotadas a lápiz en una libreta que se queda sin hojas cada tres meses, datos de vuelo cruzados con los censos de cámaras trampa. Nadie terminará ese mapa este año ni el siguiente. Jeong no tiene prisa con esto. Tiene método, y el método funciona cuando se repite sin saltarse un solo día de campo.
Los ciento treinta leopardos de Amur que quedan en libertad dependen de gente que sale al bosque con menos veinticuatro grados y vuelve con datos. Diecinueve individuos en 2007. Ciento treinta en 2024. Esa es la historia del Parque Nacional Tierra del Leopardo, y cada jornada de vuelo con el dron añade una línea más al plan transfronterizo que puede definir las próximas décadas para la especie. Jeong carga con eso en la mochila y en la cabeza. Literalmente: el dron plegado, dos baterías de repuesto envueltas en calcetines para que no se enfríen, un multímetro, la libreta y el termo de café negro que marca la diferencia entre un turno llevadero y uno que se arrastra.







