Las noches del Waasland
Hubo medio año en que Isabella se quedó sin estudio y grabó a la intemperie. Cada noche cogía la bici hasta los pólders del Waasland, plantaba los micrófonos entre los cañaverales y esperaba horas: agua, insectos, algún tren lejano, viento, y lechuzas cazando, que oía mucho antes de verlas. Con el frío húmedo de las noches largas, subirse la capucha de la sudadera era lo que la dejaba quedarse quieta y seguir escuchando. Ese tipo de abrigo, para las horas muertas a oscuras, es justo lo que pide esta prenda.







