Por si algún día
Isabella regala frutos secos cuando le sobran y no lo llama generosidad; simplemente no tira nada que aún pueda servir. Guarda cables, notas, botes, cosas que quizá encajen en algo que todavía no existe. No lo hace por descuido, sino porque aún no quiere decidir qué significan. La camiseta lleva la cara de quien prefiere conservar la opción antes que cerrarla, y hay algo entrañable en esa manera de no soltar. Cualquiera con un cajón lleno de por-si-acaso sabe de qué hablo.







