Un jersey que cuenta una historia
Lo primero que llama la atención en el retrato de Liam es la ropa. Un jersey de punto grueso, claramente hecho a mano, con un cuello mock-neck en turquesa y un yoke de motivos geométricos Fair Isle en fucsia, amarillo y turquesa sobre fondo negro. El cuerpo del jersey es gris oscuro, charcoal, con calaveras grandes que alternan entre fucsia y naranja. Cada una ligeramente distinta de la anterior, con esa irregularidad que delata el proceso manual: alguien se sentó, eligió los colores, cruzó los hilos y dejó que las imperfecciones se quedaran porque formaban parte del resultado.
No se sabe quién se lo regaló. Lo que sí se sabe es que Liam vive en West Asheville, un barrio de casas con porche, talleres reconvertidos y cervecerías donde nadie te pregunta qué haces si no quieres contarlo. La artesanía textil de los Apalaches lleva ahí más tiempo que la cerveza, y ese jersey encaja en un entorno donde hacer cosas con las manos todavía tiene sentido. No como estética. Como forma de trabajar.







