En la naturaleza, y sobre todo en el mundo animal, la lucha por sobrevivir se convierte diariamente en una cuestión esencial y obsesiva para los individuos de la gran mayoría de especies que habitan el planeta. En este sentido, la supervivencia dependerá, en gran medida, de los mecanismos que estos individuos dispongan para cumplir eficazmente con sus funciones vitales, y de lo bien que estén adaptados a los ambientes y ecosistemas que habiten. También, de la capacidad que tengan para evitar algún posible peligro, así como sortear a potenciales depredadores.

No todos los grupos de animales tendrán los mismos requerimientos, por lo que sus adaptaciones serán considerablemente diferentes entre ellos. Para la supervivencia de las aves, por ejemplo, es indispensable que dispongan de una buena visión, que les permita localizar a sus presas en cualquier situación, con la que puedan desplazarse por la noche y por medios acuáticos, o con la que consigan situar y focalizar a posibles depredadores (una visión que les ayude a sobrevivir, al fin y al cabo). De este modo, podemos afirmar sin temor a equivocarnos, que el sentido de la vista es el más desarrollado de las aves.

Retrato de un azor. Por Ondrej Prosicky | Shutterstock.com
Retrato de un azor. Por Ondrej Prosicky | Shutterstock.com

Sin embargo, según a la especie a la que pertenezcan, las aves tienen varias formas de vida y demandas, por lo que las estructuras y peculiaridades de los ojos irán cambiando en función de los requisitos del día a día, y la visión se adaptará para cada tipo de especie. Es decir, dependiendo de las necesidades de las distintas especies de aves, el ojo tendrá características distintas. Por ello, en este artículo vamos a explicar las principales diferencias morfológicas y estructurales de los ojos, en función de diferentes grupos de aves.

Las rapaces diurnas, expertas cazadoras desde grandes distancias

A diferencia de la mayoría de las aves, las rapaces tienen los ojos situados en la parte delantera de la cabeza, lo que les confiere una visión binocular: es decir, una misma imagen es analizada de manera eficaz por ambos ojos. Este tipo de visión les facilita la detección de las presas, y les proporciona un importante campo de visión (de entre 35º-50º).

Además, los ojos de estas rapaces son considerablemente voluminosos, representando aproximadamente el 10%-15% del peso total de la cabeza (en el hombre, por ejemplo, los ojos representan alrededor del 2%), y disponen de una gran concentración de células receptoras en la retina. La gran densidad de estas células (conos y bastones) les facilita el hecho de ser capaces de observar pequeñas presas cuando se encuentran en vuelo a gran altura, ya que pueden proyectar la imagen de la presa de una forma más precisa.

Águila real mirando a su alrededor. Por Ian Duffield | Shutterstock.com
Águila real mirando a su alrededor. Por Ian Duffield | Shutterstock.com

Hablando de precisión, las rapaces son capaces de evaluar con acierto, determinación y exactitud la distancia que les separa de sus presas, siendo una gran ventaja a la hora de cazar y enfrentarse a ellas. Esto es posible gracias a la existencia de una estructura llamada fóvea, una zona de la retina con una gran concentración de conos, donde la imagen que se proyecta es la más nítida del campo visual. Muchas rapaces y aves de presa disponen, además, de una segunda fóvea, que les permite aumentar aún más su agudeza visual.

Las especies granívoras y su visión monocular

Las especies de aves granívoras disponen de un campo visual notablemente amplio, ya que, a diferencia de las rapaces, su visión es principalmente monocular: es decir, los ojos se sitúan a ambos lados de la cabeza, aumentando de esta manera el campo de visión. Sin embargo, esta posición lateral de los ojos también supone una cierta desventaja, y es determinante a la hora de recibir las imágenes: y es que, al no encontrarse en el mismo plano, cada ojo percibirá una imagen distinta al otro, disminuyendo en cierto modo la capacidad de percepción.

Herrerillo común (Cyanistes caeruleus). Por Ondrej Prosicky | Shutterstock.com
Herrerillo común (Cyanistes caeruleus). Por Ondrej Prosicky | Shutterstock.com

Por otro lado, según diversas investigaciones y estudios, se ha corroborado que este grupo de aves perciben de manera muy minuciosa los colores, visualizando una gama mucho más amplia que, por ejemplo, los humanos. Además, perciben mejor los detalles del ambiente, suponiendo esto una gran ventaja a la hora de controlar el entorno. Esto es posible gracias a la gran densidad de conos en los ojos de las aves, que son las células receptoras de la retina sensibles a los colores. Otra adaptación interesante, es que son capaces de advertir ciertos colores del rango ultravioleta.

Las rapaces nocturnas y sus increíbles adaptaciones a la noche

Las rapaces nocturnas, como los búhos y las lechuzas, son uno de los grupos más interesantes, ya que su actividad se desarrolla durante las horas crepusculares del día y a lo largo de la noche, cuando las condiciones de luz no son las más idóneas. Por ello, estas aves se benefician de una gran sensibilidad luminosa, gracias a que sus células receptoras se encuentran muy compactadas en los ojos, proporcionándoles una gran visión nocturna. Unos ojos, además, tubulares y de gran tamaño, que les confieren una mejor capacidad para captar la luz.

Retrato de búho chico con grandes ojos naranjas detrás de un tronco. Por Ondrej Prosicky | Shutterstock.com
Retrato de búho chico con grandes ojos naranjas detrás de un tronco. Por Ondrej Prosicky | Shutterstock.com

Al igual que ocurría con las rapaces diurnas, los ojos de las nocturnas están ubicados en la parte frontal de la cabeza, otorgándoles una extraordinaria visión binocular. Asimismo, este grupo de aves dispone de un cuello muy flexible, que les permite girar la cabeza casi 300º y tener visión hacia prácticamente cualquier dirección. Este hecho, junto a la visión binocular, les dota de un inmenso campo de visión.

Las especies buceadoras y sus mecanismos de protección frente al agua

Para aquellas especies acuáticas que desarrollan parte de sus actividades dentro del agua, como algunas anátidas o los pingüinos, es importante que los ojos estén dotados de cierta protección. De este modo, las especies buceadoras (y otros grupos de aves) disponen de una doble membrana, un doble párpado que actúa a modo de defensa, así como de una tercera membrana (llamada nictitante) que limpia y protege la superficie del ojo a la vez que permite aumentar el poder de refracción y mejorar la percepción visual bajo el agua. También, se ayudan de un cristalino muy potente que aumenta el poder de acomodación durante las inmersiones.

Las especies buceadoras tienen, por tanto, una visión clara tanto dentro como fuera del agua, disponiendo, además, de un campo visual amplio.

Colimbo grande (Gavia immer) en Minnesota. Por Agnieszka Bacal | Shutterstock.com
Colimbo grande (Gavia immer) en Minnesota. Por Agnieszka Bacal | Shutterstock.com

Un ejemplo de originalidad: la becada

La becada, o la chocha perdiz, se caracteriza por tener unos enormes ojos globulares situados en la parte superior de la cabeza, que le permiten disponer de uno de los mayores campos visuales que se pueden encontrar entre las aves (de hecho, puede alcanzar un campo de visión de casi 360º). Así, es un animal capaz de ver en casi cualquier dirección, incluso por detrás y por encima de su cabeza. Este hecho supone una gran ventaja ya que, a pesar de tener una visión binocular débil, es capaz de detectar con antelación a los depredadores, independientemente de dónde procedan.

Becada, chocha perdiz o chocha euroasiática (Scolopax rusticola). Por Nature Bird Photography | Shutterstock.com
Becada, chocha perdiz o chocha euroasiática (Scolopax rusticola). Por Nature Bird Photography | Shutterstock.com

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