Hablar sobre veganismo, sus ventajas y sus inconvenientes se ha convertido en una especie de guerra donde todo aquel que se posicione, encontrará a hordas de detractores esperando para clavarle su aguijón de sabiduría. Pero una opinión, y eso es este artículo, no es más que un cúmulo de ideas en tu cabeza que fluctúan y cambian cuando entran en contacto con las de los demás. En esta era de la corrección, cabe asumir que opinar no es lo mismo que sentenciar. Pero, al caso:

El problema: el sufrimiento animal

Tenemos una premisa inicial: que los animales en las cadenas de producción ganadera industrial sufren es una realidad. Si damos por sentado que la mayoría de personas tenemos, o podríamos tener, empatía para con los animales, obtendremos otra premisa simple: no consumir productos de origen animal evitará el sufrimiento de dichos animales.

Esta es la base de la mayoría de personas veganas, el respeto por la vida ajena. Es por eso que creo que el veganismo como opción de vida es admirable, aunque piense que no es suficiente y, en algunos hipotéticos contextos, ineficaz. Dejando a un lado que una dieta vegana sana requiere de un gran ejercicio de información y responsabilidad, me atrevo a decir que el veganismo es funcional únicamente cuando se ejerce junto con otras prácticas. Principalmente aquellas que favorecen reducir el impacto ambiental. ¿Qué ocurre con la pérdida de especies silvestres y ecosistemas a causa de la agricultura?

La base de todo: la ganadería industrial y su impacto medioambiental

Desde que los seres humanos adoptamos la agricultura y ganadería como medios de vida y abandonamos nuestras raíces nómadas, el impacto que hemos causado al planeta y sus ecosistemas es apabullante. La agricultura, el capitalismo y los avances tecnológicos dieron paso a la ganadería industrial, con animales convertidos en objetos de consumo.

Granja de pollos. Ganadería intensiva. Por branislavpudar | Shutterstock.com
Granja de pollos. Ganadería intensiva. Por branislavpudar | Shutterstock.com

Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), en el mundo se matan al año, para consumo humano, unos 63.000 millones de animales criados en cautividad, a los que hay que sumar 140 millones de toneladas de peces. Eso son unos 2.000 animales muertos cada segundo. De hecho, por cada persona que nace, mueren 2.000 animales de consumo. El impacto que esa cantidad de animales supone al planeta es difícil de calcular, pero aquí os dejo algunos datos significativos:

  • El sector ganadero genera un 18% más de gases de efecto invernadero que los vehículos que utilizamos.
  • Utiliza el 30% de la superficie terrestre del planeta.
  • Ocupa un 33% de la superficie cultivable para generar forraje (alimento para los animales).
  • El 70% de los bosques del Amazonas han sido talados para crear pastizales de ganadería.

Evidentemente, un consumo responsable de productos animales, muy por debajo de la actual demanda, supondría un gran cambio para nuestro ecosistema. Pero aquí es donde aparece el segundo gran problema:

La agricultura y las graves consecuencias que tiene para nuestro planeta

Reducir el consumo animal podría mejorar sustancialmente muchos aspectos de nuestras cadenas de producción alimentaria. Menos animales de consumo conlleva menos ganadería intensiva o incluso extensiva, favoreciendo a la ganadería trashumante, la de pastoreo y la de auto consumo. Esto implica a animales criados en libertad y con ciclos vitales que se aproximan mucho más a un proceso natural. Pero seguiríamos teniendo un problema aún mayor:

En el mundo desaparecen al día unas 150 especies de seres vivos, en gran medida por el uso que hacemos de las tierras para la agricultura. Algunas de las causas más obvias son: envenenamiento de poblaciones de animales silvestres, reducción de sus hábitats, su desaparición a causa de especies invasoras introducidas por el hombre, o problemas adaptativos por el cambio climático. Además, tenemos otros problemas medioambientales como la erosiónsalificación y anegamiento de los suelos, un uso excesivo de fertilizantes y plaguicidas, el agotamiento de acuíferos, la deforestación o el consumo de combustibles fósiles y liberación de gases de efecto invernadero.

Las llanuras de Canterbury muestran el lago Ellesmere, Te Waihora mirando hacia el asador de Kaitorete y las orillas peninsulares en la isla sur de Nueva Zelanda. Mostrando en su mayoría, tierras agrícolas intensivas. Por Chris Hellyar | Shutterstock.com
Las llanuras de Canterbury muestran el lago Ellesmere, Te Waihora mirando hacia el asador de Kaitorete y las orillas peninsulares en la isla sur de Nueva Zelanda. Mostrando en su mayoría, tierras agrícolas intensivas. Por Chris Hellyar | Shutterstock.com

Pero este es un blog sobre animales, y si de animales hablamos, la pérdida de fauna silvestre es incuestionable. Los ecosistemas son como ruedas donde todos sus “habitantes” giran en una cohesión y equilibrio que hace posible el desarrollo de la vida. Romper ese equilibrio tendrá consecuencias graves, y a la larga no habrá marcha atrás.

¿Entonces?, si dejar de consumir productos de origen animal o hacerlo de manera responsable nos aporta un sistema más ético y en parte sostenible, pero no ayuda frente a la pérdida de fauna silvestre y de ecosistemas, ¿qué solución existe?

La superpoblación humana: Avances, cambios demográficos y capitalismo

En el año 1.800 habitaban la Tierra 1.000 millones de personas. Hoy somos más de 7.600 millones. Solo este año la población mundial ha crecido en 50 millones, 150.000 personas más al día. Los recursos que ofrece el planeta son insuficientes, lo que nos lleva directos al gran problema: somos demasiadas personas. Pero, ¿cómo hemos llegado a esto?

Grosso modo, podríamos decir que los cambios de régimen demográfico se han dado por diversos factores a lo largo de la historia. Con la aparición de la agricultura (con mayor rendimiento), los avances en tecnología, en medicina y la alfabetización se amplió la esperanza de vida y se redujo la mortalidad. Además, la llegada del capitalismo favoreció un aumento del consumo, de la demanda, un aumento de la exportación / importación, y dio lugar a la consolidación de sociedades patriarcales donde las mujeres cumplían un papel muy concreto: procrear y cuidar a la familia (epicentro de toda sociedad capitalista).

Vista aérea de un montón de casas en una ciudad asiática a causa de la gran superpoblación. Por Denis Dymov | Shutterstock.com
Vista aérea de un montón de casas en una ciudad asiática a causa de la gran superpoblación. Por Denis Dymov | Shutterstock.com

A posteriori, y gracias a la contracepción, la incorporación de la mujer a la educación y al mercado laboral, la eliminación de dogmas sobre las relaciones sexuales, y con el Estado del bienestar, entre muchos otros factores, el crecimiento demográfico se vio frenado en muchas de nuestras sociedades. Lamentablemente, muchos lugares del mundo aún siguen expuestos a un crecimiento demográfico salvaje. Y de las muchas cosas que se podrían hacer para frenar este crecimiento, hay una que me llama la atención de manera especial ya que se relaciona directamente con un tema muy presente estos días:

El feminismo como arma de varios frentes

Una sociedad feminista es aquella donde las mujeres y los hombres viven en iguales condiciones y oportunidades, donde los roles sociales de género no existen.

Es casi gracioso pensar que algo tan cuestionado y debatido estos días, en lineas de derechos, además, tenga otra cara igual de necesaria. Favorecer la igualdad de las mujeres en el mundo es uno de los grandes factores de cambio que pueden salvar el planeta.

Un derrumbamiento del patriarcado favorece el desarrollo personal de las mujeres. De entre las muchas ventajas que esto ofrece a las sociedades modernas, se deriva una consecuencia clave: una reducción de la tasa de natalidad y estabilización del índice poblacional. Evidentemente, esta afirmación es algo osada y simplista, pero aporta una idea general de a qué me refiero. De hecho, fue leyendo a Lierre Keith (aunque no comparta muchos de sus argumentos) cuando empecé a pensar en esta idea y darle vueltas. Lo que nos lleva al punto final y clave:

Educación y auto-conciencia. ¿Sabes cómo ha llegado lo que comes a tu mesa?

Otro factor imprescindible para un cambio es la educación. Nos hemos acostumbrado a consumir todo lo que llega a nuestras manos sin plantearnos el origen que tiene, el coste que supone para otras personas, y sobretodo, para el planeta. Hasta que cada individuo se haga responsable de sus actos, y sobretodo, los ejecute siendo consciente de qué implican, no avanzaremos.

La mayoría de niños y niñas no relacionan el filete que tienen delante con un animal vivo. Las industrias ganaderas y mataderos permanecen ocultos. La publicidad nos bombardea a todas horas con campañas de consumo. Internet supone una puerta de verdades totalmente opuestas y no contrastadas, y al final, lo más fácil es actuar sin darle demasiadas vueltas a nada.

Quizá en este punto es donde nos toca cuestionarnos a nosotros mismos, mirar alrededor y decidir qué cosas podríamos mejorar individualmente y como sociedad para dejar un planeta sostenible y rico en biodiversidad a las siguientes generaciones. Puede que la respuesta no sea dejar de comer carne y no tener hijos, sino enseñarles a éstos el camino del respeto hacia lo ajeno, para abandonar las ideas capitalistas de consumo, precursoras de los mayores problemas del planeta.

La agricultura y ganadería deberían volver a los individuos, al comercio de proximidad y salir de los mercados de la especulación y las grandes multinacionales cuyos intereses económicos están en oposición directa a los intereses de los ecosistemas.


Zoo Portraits Shop

6 Comentarios

  1. El artículo es correcto para un primer encuentro con el tema del veganismo aunque para la mayoria de los veganos no
    nos aporta nada nuevo.
    Los datos no están suficientemente contratados por variedad de fuentes y hay algunos errores.
    El uso del lenguaje es muy importante en cualquier artículo y hay incorrecciones…no sé dice “a groso modo”, sino “groso modo”.
    Gracias por difundir.
    Un saludo cordial…

  2. De acuerdo con casi todo, pero se da a entender que, de ser todos veganos, aumentaría la superfície cultivable con sus consecuencias medioambientales. Y no es cierto.
    La gran mayoría de la producción agrícola se destina a alimentar el ganado, lo que supone un despilfarro descomunal.
    De ser todos veganos se reduciría drástricamente la superficie cultivable.

    • Hola Maria Isabel. Gracias por leer y comentar mi artículo. En realidad yo no niego en el artículo eso que afirmas. De hecho, lo que expongo, es que más allá del veganismo (opción que cambiaría muchos aspectos medioambientales, por supuesto), existe un problema mayor, y que el veganismo de por sí no puede solventar: La producción agrícola. Aunque se redujesen los 2 tercios de superficies destinadas a la producción agrícola que abarca la ganadería, se deberían aumentar en parte el otro tercio destinado al ser humano, y aunque una vaca o cerdo consume mucho más cereal (que por cierto no debería ser su dieta), seguiríamos teniendo un problema catastrófico de sostenibilidad medioambiental. Así que estoy de acuerdo contigo, y el artículo también. Tan solo expongo que el veganismo no es eficiente si no se ejerce con otros cambios simultáneos. Es como poner una tirita a un corte que necesita puntos. Seguirás teniendo una pérdida de biodiversidad enorme, fragmentación y destrucción de ecosistemas, y demasiadas bocas que alimentar para hacerlo de un modo sostenible.

  3. Gracias por contestar.
    Perdona la inexactitud, por ahí están los datos, pero la cantidad de cereal u otro producto agrícola y agua para generar 1 sólo kilo de carne daría para darle de comer, dependiendo de qué producto se trate (arroz, trigo, soja) a una cantidad entre 10 y 30 personas. Con un kilo de carne comen dos, tres o cuatro personas.
    Quiero decir con ésto que el desperdicio es enorme, de un animal sólo se aprovecha un porcentaje muy bajo, quitando huesos y vísceras.
    No podría hablar ahora mismo con datos exactos porque no los tengo delante, pero te puedo asegurar que se ahorraría mucho mucho terreno, además de haber recursos para todos, que nos estamos comiendo los recursos de los países pobres, que cultivan sus campos para nuestro ganado y los gases efecto invernadero y la contaminación que implica la ganadería intensiva.
    La ganadería extensiva es inviable con el consumo actual, necesitaríamos varios planetas.
    Que no es suficiente?
    Deberíamos plantearnos el consumo de plásticos, la obsolescencia programada, buscar alternativas a los combustibles fósiles… Nos queda mucho por hacer.
    Y ya lo dije, estoy de acuerdo en todo excepto en eso.
    Ser vegano es casi lo único que depende exclusívamente de nosotros.

    • En realidad no estoy de acuerdo del todo. Ser vegano no es casi lo único, es solo una de las cosas que se pueden hacer. Y no por ello menos importante. Ojalá todo el mundo se hiciese vegano o consumiese productos animales de manera responsable. El problema que veo es que hacerse vegano sin entender que la especulación capitalista y de consumo siempre antepondrá el beneficio económico a la sostenibilidad, es dar palos al agua. Si no ponle un ojo a los problemas de la producción de palma aceitera, o de la quinoa. Un cereal que se suponía sostenible y con aportes esenciales elevados, que ha entrado en el mercado de la especulación, convirtiéndose en un nuevo filón para las empresas del agronegocio. Aumento de hectáreas de cultivos destruyendo hábitats enteros, etc.

      No se si entiendes el punto al que me refiero. Ser vegano es un gran paso, pero insuficiente mientras el sistema permita la especulación. Aunque claro, es tan solo mi opinión.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here