A veces, especies distintas y alejadas geográficamente comparten funciones muy similares dentro de los ecosistemas donde habitan. Esto se da, sobretodo, entre especies que pertenecen a un mismo género, como ocurre con las bisbitas. Existen 44 especies distintas de estas aves de apenas 20 cms distribuidas por casi todo el planeta. Son todas muy similares y realizan las mismas funciones en sus entornos, pero no pueden aparearse entre sí. Aunque también existen especies totalmente dispares que realizan funciones similares en sus ecosistemas, como ocurre con el pájaro carpintero y el aye-aye. Pero antes de hablar de ellos, vamos a definir un par de conceptos importantes:

El nicho ecológico de una especie

Una bisbita patrense (Anthus pratensis) en primavera. Por Andrew M. Allport | Shutterstock.com
Una bisbita patrense (Anthus pratensis) en primavera. Por Andrew M. Allport | Shutterstock.com

La función o conjunto de interrelaciones que un organismo mantiene dentro del ecosistema donde habita, se conoce como nicho ecológico. Podríamos decir que es el modo de vida de dicha especie, el cual incluye sus condiciones, los recursos que utiliza del entorno y las interacciones que ejerce con el mismo y las otras especies que lo componen.

Por ejemplo, los pingüinos emperador son aves que poseen cuerpos adaptados a la caza dentro del agua a muy bajas temperaturas (donde habitan la mayor parte del tiempo). Se alimentan principalmente de peces, crustáceos y calamares, actuando como depredadores, pero también como presas de animales más grandes, como las orcas. El conjunto de estas características junto con muchas otras definen el nicho ecológico de los pingüinos emperador. Pero, ¿qué ocurre si dos especies comparten el mismo nicho ecológico en el mismo área geográfica?

Colonia de pingüinos emperadores en Snow Hill, en la Antártida. Por vladsilver | Shutterstock.com

Mismo nicho ecológico en el mismo área geográfica

Pues que tienen un problema, y grave. Y es que dos organismo con el mismo nicho ecológico no pueden sobrevivir a largo plazo en el mismo hábitat. De hecho, cuando ocurre algo así (por ejemplo, al introducir especies invasoras), al competir por los mismos recursos, una de las dos especies terminará por desaparecer. A esto lo llamamos principio de exclusión competitiva. Aún así, existen especies que conviven superponiendo solo parte de sus nichos y consiguen coexistir.

Cuando se da la exclusión competitiva, si una de las especies es capaz de adaptarse y evolucionar para encontrar otro nicho ecológico para sobrevivir, decimos que se da una partición de recursos, y en ese caso, ambas especies podrán convivir.

¿Y si dos especies distintas comparten nicho ecológico en hábitats distintos?

Especies vicarias o vicariantes y concepto de dispersión

Cuando pensamos en especies muy parecidas que habitan lugares geográficamente opuestos en nuestro planeta (como por ejemplo los monos del viejo mundo y los del nuevo mundo o las distintas especies de simios), nos surge una duda: ¿Cómo es posible que animales tan parecidos vivan en lugares opuestos y aislados?

Un raro mono probóscide en un manglar, Kota Kinabalu. Por Kjersti Joergensen | Shutterstock.com
Un raro mono probóscide en un manglar, Kota Kinabalu. Por Kjersti Joergensen | Shutterstock.com
Prosimios, monos y simios
Prosimios, monos y simios

Y a esta pregunta se han dado dos hipotéticas respuestas:

Dispersalismo

Esta teoría apunta a que las especies pueden superar barreras u obstáculos geográficos que limitan su territorio (como cadenas montañosas u océanos) colonizando un segundo territorio. Así, parte de una especie “A” podría atravesar una cadena de montañas y evolucionar a lo largo del tiempo hacia una especie “B”, distinta y aislada de la primera.

Vicarianza

Sin embargo, la vicarianza, apoyada en el descubrimiento de las placas tectónicas, apunta a que el mismo fenómeno se puede dar de otro modo: Una especie “A” ocupa un extenso territorio, el cual se ve dividido por la aparición de una barrera geográfica que los separa. Así, la misma especie evolucionará en dos distintas: “B” y “C”, aisladas por esta barrera.

Ambas cosas pueden darse simultáneamente, como cuando surgió el Estrecho de Gibraltar separando África y la península Ibérica. Las especies terrestres pudieron sufrir eventos de vicarianza y dispersalismo simultáneamente. Pero pongamos ejemplos:

Aves elefante, moas, avestruces, emúes, casuarios, ñandúes, tinamúes y kiwis

Ave elefante, moa, avestruz, emú, casuario, ñandú, kiwi y tinamú. Shutterstock.com
Ave elefante, moa, avestruz, emú, casuario, ñandú, kiwi y tinamú. Shutterstock.com

Pensemos en todas estas especies presentes en la imagen. Todas ellas son representantes de diferentes órdenes (las dos primeras extintas), que se engloban en un solo superorden: los paleognatos. Esto significa que todas tiene ancestros comunes, por lo tanto, en algún momento, dados los efectos de dispersalismo y/o vicarianza quedaron separadas, evolucionando en las actuales 50 especies que forman este superorden. Cada una en un lugar del planeta (aunque existen otras evidencias e hipótesis distintas sobre su origen).

Imagen extraída del artículo - El ADN antiguo revela que las aves elefante y el kiwi son taxones hermanos y clarifica la evolución de las aves rátidas
Imagen extraída del artículo – El ADN antiguo revela que las aves elefante y el kiwi son taxones hermanos y clarifica la evolución de las aves rátidas, por Kieren Mitchell

Pero, ¿comparten nicho ecológico?

Quizá el ñandú y el avestruz, o incluso el emú o el casuario dadas su características similares, tipo de alimentación y de depredadores. Pero en el caso de los tinamúes y los kiwis su fisionomía y características los sitúan en otros nichos muy distintos, aún habiendo evolucionado de un ancestro común.

El pájaro carpintero y el aye-aye

Pero como dije al principio, no siempre dos especies que comparten nicho ecológico son similares. Ni siquiera necesitan pertenecer a la misma clase. Es el caso del aye-aye, extraño primate endémico de Madagascar y el pájaro carpintero.

 

El primero, posee en sus manos un dedo más fino, largo y flexible que los otros. Utiliza sus grandes orejas para escuchar bajo la corteza de los árboles, unos dientes especializados para agujerearla y su dedo para extraer las larvas de insectos que se alojan en su interior.

 

Algo similar hace el pájaro carpintero, golpeando con su pico repetidas veces sobre la corteza para agujerearla y poder llegar a las larvas que allí se esconden.

 

Así pues, ésta y otras características relacionales con cada uno de los ecosistemas donde habitan, los hace compartir nichos ecológicos similares, pese a partir evolutivamente de lugares totalmente dispares.

Conclusión

Existen muchísimas especies que comparten nicho ecológico en distintos territorios. Algunas son similares entre sí como los osos pardos y los osos polares o las vacas y los bisontes, cuyos ancestros eran comunes. En otros casos, estas especies son muy diferentes, como los canguros, cuyo nicho sería similar al de las vacas y los bisontes, aún evolucionando desde un pariente no común. La diferencia entre ambas formas viene dada por el efecto de dispersalismo y vicarianza, o simplemente por una adaptación similar al entorno en especies no emparentadas.

Referencias:

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