Desde hace décadas, ecólogos y genetistas han intentado comprender las dinámicas de las poblaciones de distintas especies animales, estableciendo modelos que permitan descifrar los cambios que se producen en el número de individuos de una población, la composición de las poblaciones y las causas que provocan estas variaciones. Sin embargo, la naturaleza no es un medio homogéneo ni estable, por lo que no resulta sencillo establecer pautas que permitan modelizar estas transformaciones y establecer un patrón.

La naturaleza no funciona como una fórmula matemática, en la que las poblaciones habitan un único área donde pueden interaccionar con facilidad. Es decir, no es fácil que de manera natural se encuentren, por ejemplo, cinco machos con cinco hembras, en una zona concreta en un momento determinado. En realidad, el paisaje está fragmentado, y esos conjuntos de poblaciones pueden habitar cada uno un área diferente, encontrándose aislados entre sí.

La fragmentación del hábitat dificulta las interacciones entre poblaciones. Por Mat Reding
La fragmentación del hábitat dificulta las interacciones entre poblaciones. Por Mat Reding

En cualquier caso, la dinámica de poblaciones ha tratado de modelizar los movimientos, cambios e interacciones que se producen entre los conjuntos de individuos, con el fin poder entender el funcionamiento de diferentes poblaciones. En este artículo, vamos a explicar los fundamentos de algunos de estos modelos poblacionales, estudiados por distintos autores.

Metapoblaciones: un gran recurso en biología de la conservación

Para comprender los diferentes modelos de dinámica de poblaciones, es importante entender primero el concepto de metapoblación, un concepto esencial en esta rama de la ecología. Una metapoblación es un conjunto de poblaciones (o un agregado de subpoblaciones) que ocupan una serie de áreas y “parches” de hábitats fragmentados, interactuando entre sí y pudiendo existir un flujo génico entre ellas. En dinámica metapoblacional, se considera que todos estos fragmentos ocupados (subpoblaciones) son susceptibles de extinguirse, ya que tienen una esperanza de vida finita.

Sin embargo, esto no significa que las poblaciones estén abocadas a una inminente extinción. En esta matriz paisajística que se forma en espacios fragmentados, existirán unos parches (hábitats) más adecuados que otros; es decir, unos fragmentos que se ocuparán con más facilidad que otros menos aptos (encontrándose vacíos, por tanto). Así, habrá un movimiento poblacional entre fragmentos, aun no encontrándose bien comunicados entre sí: mientras que los parches vacíos se van ocupando con el tiempo, en los parches ocupados se irán produciendo extinciones locales, originándose un equilibrio metapoblacional.

El lince ibérico es un ejemplo de metapoblación en la Península Ibérica. Por Juan Aceituno | Shutterstock.com
El lince ibérico es un ejemplo de metapoblación en la Península Ibérica. Por Juan Aceituno | Shutterstock.com

Algún fragmento puede desaparecer, pero podrá ser rápidamente reemplazado incluso en el mismo lugar. La extinción de los fragmentos no es un hecho aislado, sino recurrente, que se compensa con recolonizaciones desde otros fragmentos vecinos.

El modelo de Levins: el modelo clásico de metapoblaciones

Richard Levins fue el primer ecólogo que habló en términos genéticos sobre metapoblaciones, llegando a la conclusión de que la variación de parches ocupados podía modelizarse: según Levins, cuanto más hábil sea una especie para migrar, mayor será la tasa de parches ocupados en un ecosistema; por otro lado, cuanto mayor sea la tasa de extinción, mayor será la tasa de parches desocupados. De esta manera, el nivel de ocupación de los parches dependerá de las características de las especies: ¿es buena colonizadora? ¿Tiene una gran capacidad de dispersión? ¿Es una especie r estratega o k estratega?

Las especies migratorias tienen una mayor capacidad de ocupar parches. Por Sergey Uryadnikov | Shutterstock.com
Las especies migratorias tienen una mayor capacidad de ocupar parches. Por Sergey Uryadnikov | Shutterstock.com

Este modelo metapoblacional es extremadamente simple en los términos en los que los formula Levins, ya que asume, a priori, que todos los fragmentos del hábitat son iguales, y que todos proporcionan a las poblaciones la misma capacidad de supervivencia. Sin embargo, este hecho no ocurre así en la naturaleza, ya que cada fragmento tendrá tamaños y formas diversas, y la distancia que separa los parches no será siempre la misma. De esta manera, cada uno de los fragmentos tendrá distintas características, y aportará diferentes soluciones (o problemas) a las subpoblaciones.

El modelo fuente-sumidero: la búsqueda de equilibrio en un paisaje fragmentado

Una población, cuyo hábitat dispone de la calidad suficiente como para que no se produzca una extinción a corto plazo, donde predomina la natalidad sobre la mortalidad y donde se puede vivir de forma adecuada, se denomina “fuente”. En cambio, si una población se ubica en un hábitat inadecuado, donde la tasa de mortalidad supera a la de natalidad, se denomina “sumidero”. En cualquiera de los casos, los sumideros son inviables sin las fuentes.

Aunque las fuentes tienen la calidad y el tamaño adecuados como para poder pervivir en el tiempo, igualmente es necesaria la existencia de uno o de varios sumideros, donde las poblaciones puedan también permanecer durante un cierto periodo. Esta idea no se basa en el hecho de ir “saltando” de un fragmento a otro, de un hábitat adecuado a otro menos apto, de moverse permanentemente, sino que se trata de disponer de una zona de escape o de huida en caso de que se revele algún peligro. A pesar de que los sumideros están abocados a una extinción local y resulta difícil la supervivencia, existen en ellos opciones de reproducción entre los individuos, un hecho favorable para la población en posibles momentos críticos.

Matriz paisajística formada por varios fragmentos: en este caso, fuentes y sumideros
Matriz paisajística formada por varios fragmentos: en este caso, fuentes y sumideros

Este modelo es importante a la hora de sacar conclusiones: dado que las fuentes no están abocadas a la extinción, y si lo están los sumideros, es esencial dirigir los esfuerzos conservacionistas más urgentes hacia las primeras. En muchas ocasiones, se ha interpretado erróneamente el carácter de nuestra acción conservacionista, fijando los objetivos y concentrando esfuerzos en hábitats inadecuados como los sumideros. En cambio, lo más importante es mantener las fuentes, donde se está produciendo una mejor adaptación por parte de los individuos.

Conclusiones finales y los estudios de Ilkka Hanski

Traspasar estos modelos teóricos a la naturaleza es una tarea compleja, ya que ésta no se comporta de manera estable. Hay que estudiar adecuadamente de qué manera la dinámica de poblaciones influye en la diversidad genética, ya que las extinciones locales pueden provocar fenómenos como pérdida de heterocigosidad o pérdida de variabilidad genética. Por ello, es necesario proponer modelos de gestión de parches, asegurando la conectividad entre ellos (mediante corredores biológicos) y permitir así cualquier tipo de uso en la matriz paisajística.

El ecólogo Ilkka Hanski fue el experto que más trabajó y escribió sobre metapoblaciones, llegando a diversas conclusiones. Gracias a sus estudios, evidenció que en un ecosistema son necesarios un mínimo de 15-20 fragmentos para conseguir un equilibrio. Por debajo de ese número, el sistema está condenado a una extinción regional.

Ilkka Hanski realizó sus estudios con una especie de mariposa en peligro de extinción (Melitaea cinxia). Por Marek Mierzejewski | Shutterstock.com
Ilkka Hanski realizó sus estudios con una especie de mariposa en peligro de extinción (Melitaea cinxia). Por Marek Mierzejewski | Shutterstock.com

Para evitarlo, lo ideal sería conservar el mayor territorio posible, hasta llegar al límite de nuestras posibilidades (incluidos los fragmentos desocupados, circunstancia compleja en términos realistas). Además, es muy importante tener en cuenta el diseño de la red: los parches han de situarse lo suficientemente cerca unos de otros como para que las poblaciones puedan migrar con facilidad, pero también deben guardar una cierta distancia entre sí como para poder evitar la destrucción de todo el conjunto en el caso de que ocurra una catástrofe. En definitiva, lograr un equilibrio y un compromiso entre lejanía y cercanía, y que los fragmentos no estén todos sujetos a la misma estocasticidad regional, es decir, a los mismos riesgos.


Zoo Portraits Shop

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here