El pasado 13 de octubre se celebró el Día Mundial de las Aves Migratorias, un evento que conmemora uno de los fenómenos anuales más destacados y estudiados dentro del mundo animal: la migración de las aves. Aunque son muchas las especies animales que realizan importantes migraciones al cabo del año, el caso de las aves es uno de los que más poderosamente ha llamado la atención desde tiempos lejanos, debido al misterio y a los mitos que han rodeado a esta serie de viajes y desplazamientos. Aristóteles, por ejemplo, pensaba que las golondrinas pasaban el invierno enterradas en la arena, despertándose y saliendo a la superficie a la llegada de la primavera.

No fue hasta al siglo XVIII cuando Buffon empezó a comprender la naturaleza de las migraciones, suponiendo que las aves viajaban en búsqueda de alimento hacia regiones más cálidas. Así, durante las décadas sucesivas, en las investigaciones y estudios iniciales sobre migraciones comenzaron a surgir preguntas como: ¿cuáles son los desencadenantes de una migración? ¿Cómo consiguen orientarse las aves? En este artículo vamos a dar respuesta a estas y otras preguntas, y conoceremos las grandes especies de aves migratorias que existen en el planeta.

La grulla común (Grus grus) es una de las especies migratorias más emblemáticas. Por Stefan Holm | Shutterstock.com
La grulla común (Grus grus) es una de las especies migratorias más emblemáticas. Por Stefan Holm | Shutterstock.com

Los viajes migratorios y sus desencadenantes

Las migraciones son un conjunto de desplazamientos regulares que se dan cada año entre un área de cría (y reproducción) y un área de invernada, estableciéndose una ruta migratoria entre ambas. En este sentido, las aves ocuparán las áreas de cría durante los meses más cálidos (primavera y verano), y posteriormente se desplazarán hacia las zonas de invernada mediante un desplazamiento denominado migración postnupcial. La migración prenupcial, por otro lado, es el desplazamiento de vuelta hacia las regiones de cría una vez que ha concluido el invierno. Por lo general, la migración prenupcial se realiza en un menor tiempo; es decir, las aves migran más rápido a la vuelta que a la ida.

Parece ser que los elementos desencadenantes para que dé comienzo una migración son, por un lado, la variación en la duración de los días y, por otro, la disponibilidad de alimento. Por ello, las estaciones características de estos desplazamientos son el otoño y la primavera, cuando se produce una alteración en las horas de luz y en los recursos disponibles. Además, pueden influir también otra serie de factores que adelanten (o retrasen) estos viajes, como las condiciones climatológicas o la competencia entre individuos. Por ejemplo, un invierno severo con escasa disponibilidad de alimento puede acelerar la partida de las aves hacia sus zonas de invernada.

Asimismo, el clima y la disponibilidad de recursos pueden jugar un papel fundamental en otras especies que, en principio, no son consideradas migratorias. Y es que, unas condiciones ambientales extremas pueden provocar movimientos en búsqueda de territorios con un clima más benigno y fértil. Este tipo de desplazamientos se denominan “irrupciones”, ya que son considerados fenómenos excepcionales. Por ejemplo, es el caso del búho nival, el cual puede moverse de una región a otra cuando se presenta un déficit de alimento.

El búho nival (Bubo scandiacus) se desplaza a otras regiones cuando las condiciones no son idóneas. Por Jongsun Lee
El búho nival (Bubo scandiacus) se desplaza a otras regiones cuando las condiciones no son idóneas. Por Jongsun Lee

Estrategias de migración y preparación previa

Las aves pueden presentar variados mecanismos y estrategias de migración, que dependerán de factores diversos como la ecología de la especie, la ruta migratoria o las condiciones ambientales. Por ejemplo, mientras que existen especies en las que la totalidad de sus miembros se desplaza, hay otras especies en las que sólo se desplazan algunas de sus poblaciones. También podemos encontrarnos con especies de paso, las cuales permanecen durante poco tiempo en la misma región, o con especies accidentales (aves extraviadas). Los desplazamientos de las distintas especies, además, pueden realizarse a lo largo de varias etapas (deteniéndose en áreas de descanso) o sin realizar ninguna escala.

En cualquier caso, y aunque existan múltiples combinaciones en cuanto a las posibilidades de migración, habrá un denominador común que compartan las aves antes de iniciar un gran viaje: la acumulación de reservas energéticas en forma de grasas y azúcares, que les permitan desplazarse durante largos periodos de tiempo sin necesidad de parar a alimentarse. Algunas aves pequeñas, por ejemplo, pueden doblar su peso antes de comenzar sus migraciones.

El abejaruco (Merops apiaster) es un pequeño ave capaz de recorrer hasta 10.000 km. durante su migración. Por Mriya Wildlife | Shutterstock.com
El abejaruco (Merops apiaster) es un pequeño ave capaz de recorrer hasta 10.000 km. durante su migración. Por Mriya Wildlife | Shutterstock.com

¿Cómo se orientan las aves durante sus migraciones?

La orientación es la secuencia de acciones motoras ordenadas en el tiempo y en el espacio de un modo específico, siempre bajo el control del animal. Durante los viajes migratorios, las aves utilizan varios mecanismos de orientación que les permiten seguir el rumbo preciso.

Uno de los más transcendentales es la navegación visual, es decir, la orientación basada en referencias externas: cordilleras, costas, ríos, pantanos, etc. En este sentido, cobra especial importancia la posición del sol, la cual es utilizada por las especies migratorias para viajar. Aunque esta posición vaya variando a lo largo del día, las aves son capaces de compensar este movimiento y mantener una dirección correcta (recta) gracias a la existencia de un reloj biológico que les permite percibir los ritmos circadianos y conocer los ciclos día-noche. Así, muchas aves también puedan realizar sus desplazamientos durante la noche al comprender la rotación del cielo nocturno.

El sol juega un papel muy importante durante las migraciones. Por Alexey Stiop | Shutterstock.com
El sol juega un papel muy importante durante las migraciones. Por Alexey Stiop | Shutterstock.com

Las aves también son capaces de percibir infrasonidos por debajo de 0,06 Hz (los seres humanos no podemos oír sonidos de frecuencias inferiores a 10 Hz). Esto les permite escuchar, a cientos de kilómetros, el oleaje de las costas, los vientos de las montañas o el movimiento de las arenas del desierto, así como prever tormentas o terremotos. Igualmente, parece que algunas aves han podido alterar sus rutas migratorias en respuesta a los infrasonidos producidos por los aviones.

La sensibilidad al campo magnético terrestre resulta ser otro gran mecanismo de orientación para las aves. Las líneas de fuerza del campo magnético forman, salvo en el ecuador, cierto ángulo con la superficie terrestre. Este ángulo, junto a la intensidad del propio campo, son referenciados por las aves gracias a unas proteínas denominadas criptocromos, localizadas en los ojos. Esta región actúa, por tanto, como una brújula magnética capaz de guiar a las aves durante sus desplazamientos.

Las grandes especies de aves migratorias del planeta

El ave que más kilómetros recorre durante sus migraciones es el charrán ártico. Este pequeño ave de 100 gramos de peso recorre durante varios meses la distancia entre el Ártico y la Antártida (y viceversa), acumulando al cabo del año más de 70.000 kilómetros en sus alas. Así, este viaje es considerado como la migración más larga del mundo.

El charrán ártico (Sterna paradisaea) protagoniza la migración más larga del mundo. Por David Havel | Shutterstock.com
El charrán ártico (Sterna paradisaea) protagoniza la migración más larga del mundo. Por David Havel | Shutterstock.com

El ave que más rápido vuela durante sus viajes migratorios es la agachadiza real. En el año 2011, un grupo de científicos demostró, mediante la marcación con geolocalizadores de diversos ejemplares de agachadiza, que este limícola era capaz de recorrer los más de 6.000 kilómetros que separan el norte de Europa y el África subsahariana en apenas 48 horas, alcanzando una velocidad media de casi 100 km/h.

El ave que vuela a una mayor altitud durante sus rutas migratorias es el ánsar indio, el cual debe atravesar la cordillera del Himalaya a lo largo de su viaje entre Mongolia y la India. De esta manera, se han registrado ejemplares que han llegado a volar a más de 7.000 metros de altitud, una altitud que han alcanzado batiendo sus alas en todo momento. Para poder llevar a cabo este increíble viaje, los ánsares indios cuentan con extraordinarias adaptaciones fisiológicas.

El ánsar indio (Anser indicus) atraviesa el Himalaya durante su migración, alcanzando extraordinarias altitudes. Por Nejib Ahmed | Shutterstock.com
El ánsar indio (Anser indicus) atraviesa el Himalaya durante su migración, alcanzando extraordinarias altitudes. Por Nejib Ahmed | Shutterstock.com

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