En ocasiones, especies u organismos totalmente distintos forjan relaciones íntimas o de dependencia de las cuales obtienen beneficio para su desarrollo vital (al menos uno de ellos). A esto lo llamamos simbiosis.

Pero la definición estricta en biología de la simbiosis no es tan sencilla. Dependiendo de cada tratado, podemos encontrar formas de relación entre especies que pueden considerarse simbióticas o no. Estas relaciones, más allá de su etiqueta global, pueden dividirse en varios grupos:

Pez payaso con anémonas.

Simbiosis

Cuando todos los organismos o especies implicados en la relación se benefician de la misma, siendo ésta indispensable u obligada para su supervivencia.

Mutualismo

Cuando las diferentes partes se benefician de la relación, pero ésta no es estrictamente necesaria para la supervivencia, aunque mejora su aptitud biológica.

Comensalismo

Cuando solo una parte de las especies implicadas en la relación obtienen beneficio de la misma, sin perjudicar a la otra parte por ello.

Parasitismo

Cuando una especie u organismo (parásito o huésped) obtiene beneficio directo y a costa de otro (anfitrión), perjudicándole normalmente en el proceso.

Además de los grupos basados en el tipo de comportamiento, la simbiosis tiene distintos grados de integración: Desde uno inicial donde los diferentes organismos o especies conviven obteniendo beneficio de ello, hasta un grado donde terminan compartiendo material genético. Este último caso puede explicar la aparición de los animales y las plantas en nuestro planeta, pero ese es otro tema. Aquí nos centraremos en ejemplos de cómo la simbiosis en el reino animal puede forjar relaciones fascinantes entre especies que a priori serían imposibles.

La hormiga y el pulgón

Un claro ejemplo de mutualismo es la relación que han forjado algunos tipos de hormiga con los pulgones. Estos últimos segregan un líquido denso muy rico en hidratos de carbono llamado melaza. Las hormigas se alimentan de este líquido así que literalmente pastorean las colonias de pulgones protegiéndolas de posibles depredadores y permitiendo así que los pulgones procreen en un entorno más seguro.

Hormigas y pulgonesf. Foto por inkwelldodo | Shutterstock.com
Termitas. Foto de 7th Son Studio | Shutterstock.com

Termitas, protozoos y bacterias

Las termitas se alimentan de madera y otras sustancias orgánicas pero sus cuerpos no están preparados para digerirlas. Necesitan la ayuda indispensable de otra especie: los protozoos. Estos organismos unicelulares habitan el estómago de las termitas y son los encargados de digerir la celulosa de la madera, alimentándose a su vez de ella. Los protozoos a su vez tienen unas bacterias que transforman los restos que dejan en nitrógeno que absorben las termitas. Además, las nuevas termitas recogen los protozoos y bacterias ingiriendo los deshechos de otras termitas. Se trata de una relación a tres donde ninguna parte podría sobrevivir sin las otras.

Perezoso, algas y polillas

Los perezosos son animales extremadamente lentos. El momento en que son más vulnerables es cuando bajan a tierra, una sola vez a la semana, a defecar. El por qué hacen esto tiene una explicación: Sobre sus cuerpos habita un tipo de polilla que aprovecha el viaje a tierra para poner sus huevos en los excrementos del perezoso. Una vez eclosionan, las nuevas polillas vuelan a las copas de los árboles y se trasladas al pelaje de estos animales. Allí producen un tipo de fertilizante que potencia los niveles de nitrógeno, haciendo que crezca sobre su pelaje algas y hongos. La piel del perezoso contiene unas grietas que favorecen la acumulación de agua y ayuda a crecer las algas de las cuales se alimentan para completar su dieta baja en energía.

Perezoso. BBC Earth.
Cocodrilo del Nilo y chorlito egipcio. Mix de fotos de Sue Robinson y Enrique Ramos | Shutterstock.com

El cocodrilo y el pluvial (chorlito egipcio)

Otro ejemplo claro de mutualismo es la relación entre estas dos especies. Los cocodrilos tienen 80 dientes en sus fauces que cambian de forma continuamente y van sustituyendo 2 o 3 veces al año. Los restos de alimento entre ellos pueden provocar infecciones y problemas a estos animales, que poseen la mordida más fuerte del reino animal, además de rápida; así que permiten a los chorlitos pasear por sus bocas alimentándose de los restos de comida entre sus dientes, y así ambos obtienen lo que necesitan.

El tiburón y la rémora

Un caso claro de comensalismo es el del tiburón y la rémora. Ésta ha desarrollado, en el lugar donde se sitúa la primera aleta dorsal, una potente ventosa con la que se adhiere al cuerpo de los tiburones, proporcionándole restos de alimento y protección. Las ventajas del tiburón en esta relación son casi indiferentes (eliminación de ciertos parásitos en su cuerpo) en relación al beneficio que obtiene la rémora.

Tiburón y rémoras. Foto de Fiona Ayerst | Shutterstock.com
Lagarto de cola espinosa y escorpión. Mix de fotos por Kristian Bell y Mr.Suchat | Shutterstock.com

El lagarto de cola espinosa y el escorpión de cola gruesa

Estos lagartos del desierto son muy celosos de sus madrigueras. Son lugares frescos a la sombra muchas veces atacados por zorros u otros depredadores. A los escorpiones de cola gruesa les gusta estar a la sombra y ofrecen protección frente a esos depredadores a cambio de poder convivir en la misma madriguera. Es otro caso claro de mutualismo que ha llevado a ambas especies a obtener una ventaja vital para su supervivencia.

El pez gobio y la gamba ciega

El pez gobio es un animal con una excelente visión. La gamba, como indica su nombre, apenas puede ver. Ella construye madrigueras que mantiene siempre limpias y a punto y que comparte con el pez para estar ambos a salvo. A cambio, el pez gobio siempre permanece junto a ella alertándole con vibraciones cuando hay peligro para que puedan esconderse.

Pez gobio y gamba. Foto de zaferkizilkaya | Shutterstock.com
Tarantula y sapo en simbiosis. BBC Earth.

El sapo boquiestrecho y la tarántula

Las tarántulas suelen cazar sapos de pequeño tamaño, pero en el caso del sapo boqui, se da la excepción. Estos pequeños anfibios mantienen los huevos de las tarántulas libres de plagas e insectos, a cambio de la protección y cobijo de éstas. Los autillos suelen cazar sapos boquiestrechos, pero con una tarántula de gran tamaño al lado, se lo pensarán dos veces antes de atacar.

El caracol y el Leucochloridium paradoxum

El Leucochloridium paradoxum es uno de los ejemplos más impactantes de parasitismo en el reino animal. Estos parásitos invaden el cuerpo de los caracoles y crecen en forma de tubo o gusano dentro de las antenas del animal. Las gruesas antenas adquieren un color llamativo y un movimiento palpitante que atrae a los pájaros. Además, el parásito invade el cerebro del caracol obligándole literalmente a merodear como un zombi por las hojas a plena vista sin poder esconderse. Cuando un pájaro arranca una de estas antenas, el parásito deposita sus huevos en el aparato digestivo del mismo pasando éstos a sus heces e infectando otros caracoles. Además, si el caracol sobrevive, volverá a crecer una nueva antena infectada.

Caracol parasitado. Foto por D. Kucharski K. Kucharska | Shutterstock.com
Oruga infectada por la avispa Glyptapantheles liparidis. By György Csóka [CC BY 2.0], via Wikimedia Commons

La oruga y la avispa Glyptapanteles

Las relaciones entre especies parasitarias pueden llegar a unos niveles de crueldad enormes. El caso de la avispa Glyptapanteles es uno de ellos. Estas avispas introducen sus huevos en el cuerpo de una oruga de mariposa. Éstos eclosionan y las larvas se alimentan de los fluidos de la oruga sin matarla hasta tener un tamaño considerable. Es entonces cuando salen de su cuerpo agujereando la piel. Una vez fuera se encierran en una pupa o capullo para hacer la metamorfosis, pero aquí no termina la pesadilla. La avispa previamente introdujo parte de su ADN en la oruga obligándola literalmente a seguir sus instrucciones. Ésta permanecerá al lado de las larvas hasta que hayan completado su proceso de metamorfosis, protegiéndolas, incluso con su propia seda. Una vez el proceso se ha completado, la oruga muere de sed e inanición.

Además de estos, existen muchos otros ejemplos de simbiosis en el reino animal, como el pez payaso con las anémonas, el búfalo con el picabueyes, la morena con las gambas, el hipopótamo con otros animales como el labeo negro, las duelas del pescado con ciertas especies de pez, el autillo con la serpiente ciega, etc. Éstos son algunos de los ejemplos más conocidos que nos ayudan a entender como las especies pueden abrirse camino de maneras dispares, incluso encontrando lo necesario para la supervivencia en especies totalmente distintas a ellas.