La biología de la conservación es una ciencia que se desarrolló durante las décadas de los setenta y los ochenta, cuando una gran parte de la población comenzó a tomar conciencia sobre la importancia de hacer frente a la gran crisis de la biodiversidad que se planteaba. Mantiene una relación multidisciplinar con otras ciencias, y en ella podemos encontrar tanto una vertiente teórica de investigación, como otra aplicada a buscar soluciones a problemas prácticos, por lo que es considerada como una ciencia de crisis. En este contexto, la biología de la conservación tiene dos objetivos concretos: investigar los impactos humanos que afectan a la diversidad, así como desarrollar estrategias para prevenir la extinción de especies.

Por ello, en la actualidad la biología de la conservación se enfrenta a un problema mayúsculo a nivel global: una aceleración sin precedentes de la tasa de extinción de las especies. Todas las estimaciones llevan a tasas de extinción más o menos parecidas: entre 20.000 y 30.000 especies al año, o lo que es lo mismo, entre 50 y 80 especies al día.

Una enorme hembra de rinoceronte negro alimentándose. Por Lance van de Vyver | Shutterstock.com
Una enorme hembra de rinoceronte negro alimentándose. Por Lance van de Vyver | Shutterstock.com

Las causas que pueden llevar a una especie hasta su extinción son diversas. Mientras que existen causas biológicas que pueden afectar a una especie en un momento dado (por ejemplo, la aparición de una enfermedad, o la competencia con otras especies), son las causas antrópicas las que inciden en un mayor porcentaje sobre la desaparición de una especie: algunos ejemplos son la sobreexplotación o la introducción de especies exóticas. Sin embargo, de todas ellas, podemos considerar la fragmentación del hábitat y el efecto de borde como las principales causas de extinción de las especies. Pero…

¿Qué es el efecto de borde?

El efecto de borde es el resultado de las interacciones biológicas y físicas que se producen en la zona de transición entre dos hábitats naturales significativamente distintos, que se encuentran de manera contigua en un mismo ecosistema. En definitiva, es la ruptura en la continuidad de los hábitats adyacentes, implicando cambios en las condiciones ambientales y biológicas. Puede producirse, por ejemplo, por la construcción de una autopista o por un incendio forestal. Como ya hemos comentado, es una de las principales causas de extinción de especies.

Zona quemada junto a árboles verdes - Incendio forestal de Lightner Creek en Durango, Colorado. Por Kara Grubis | Shutterstock.com
Zona quemada junto a árboles verdes – Incendio forestal de Lightner Creek en Durango, Colorado. Por Kara Grubis | Shutterstock.com

No todos los bordes mantienen las mismas características, sino que pueden presentar diferencias relevantes en función del ecosistema en el que se localicen y de las condiciones en las que se hayan formado. En este sentido, entre dos hábitats contiguos puede existir una zona de transición suave, que permitirá, en cierta medida, una mayor circulación biológica (movimiento de animales entre hábitats) a la vez que se disminuye el flujo de variables físicas (por ejemplo, existencia de un menor gradiente de temperatura). En cambio, en los bordes más “agresivos”, esta circulación de animales entre hábitats será menor, y aumentará el flujo de variables físicas (desfavoreciendo la estabilidad de las especies).

En cualquier caso, los bordes de los hábitats no son los emplazamientos más idóneos para las especies de animales y plantas, ya que en ellos se producen efectos nocivos como insolación, modificación en la luminosidad, ruido, cambios más drásticos de temperatura y humedad, etc., por lo que intentarán situarse en el interior del área, donde las condiciones son más homogéneas.

Hierba verde en la frontera de un bosque otoñal en una tarde soleada. Por vvoe | Shutterstock.com
Hierba verde en la frontera de un bosque otoñal en una tarde soleada. Por vvoe | Shutterstock.com

Fragmentación de un hábitat, una situación asociada al efecto de borde

El efecto de borde es un suceso que, en la mayoría de ocasiones, aparece ligado a la fragmentación, destrucción o degradación de un hábitat. Al fragmentarse un hábitat, lo que ocurre es que se incrementa su perímetro, creándose nuevas fronteras y produciéndose así un aumento del efecto de borde. Por otro lado, la fragmentación favorece la ruptura en la continuidad entre hábitats, disminuyendo el éxito reproductivo, el intercambio genético y, por tanto, la diversidad genética (se produce una menor circulación de animales entre hábitats).

Plantación de palma aceitera y la deforestación que provoca. Foto aérea de los daños ambientales que ésta provoca en el sudeste asiático. Por Rich Carey | Shutterstock.com
Plantación de palma aceitera y la deforestación que provoca. Foto aérea de los daños ambientales que ésta provoca en el sudeste asiático. Por Rich Carey | Shutterstock.com

En términos generales, lo que sucede al fragmentarse un hábitat es que éste se divide en áreas más pequeñas. Esto también supone un inconveniente más, ya que un área grande tiene más especies que varias pequeñas que sumen la misma superficie. Esto es debido a que las áreas grandes presentan uniformidad de ambientes, mientras que en áreas pequeñas se presentan fenómenos como endogamia (reproducción entre individuos estrechamente relacionados genéticamente) y deriva genética. De hecho, hay especies que no pueden vivir en áreas pequeñas, como las migradoras (requieren de grandes territorios), comúnmente afectadas por el efecto de borde.

La fragmentación es, desde luego, un suceso habitual a lo largo y ancho de todo el planeta, pero cuyo efecto no es equiparable en todas las latitudes del globo. Por ejemplo, los ambientes ecuatoriales tienen menores densidades poblacionales de por sí, y si se fragmentan, desciende considerablemente el número de individuos y especies. Además, estos ambientes presentan mayores tasas de endemismo: las especies tienen una distribución más restringida, por lo que sufrirán en mayor medida cualquier tipo de fragmentación o degradación de su hábitat. Por tanto, la fragmentación se produce a distintos niveles en ambientes diferentes.

Deforestación. Destrucción ambiental de la selva tropical. Bosque de Borneo destruido para plantaciones de palma aceitera. Por Rich Carey | Shutterstock.com
Deforestación. Destrucción ambiental de la selva tropical. Bosque de Borneo destruido para plantaciones de palma aceitera. Por Rich Carey | Shutterstock.com

Otros efectos aparejados al efecto de borde y a la fragmentación

Como ya hemos ido viendo, debido al efecto de borde y a la fragmentación se produce una alteración del medio y del hábitat, lo que favorece la aparición de nuevas especies adaptadas a perturbaciones. Estas especies, en la mayoría de los casos, son invasoras: se establecen en una nueva zona y son capaces de naturalizarse (es decir, son capaces de reproducirse y de mantener una población estable), compitiendo con el resto de especies por los recursos. Así, el establecimiento de estas especies resulta, sin lugar a dudas, nocivo para el medio natural al ocasionar importantes perjuicios (desplazamiento de especies autóctonas, hibridación, etc.).

Sapo de Caña (Bufo marinus) también conocido como sapo gigante neotropical gigante o sapo marino. Originario de América Central y del Sur, pero una plaga introducida en Australia. Por Chris Ison | Shutterstock.com
Sapo de Caña (Bufo marinus) también conocido como sapo gigante neotropical gigante o sapo marino. Originario de América Central y del Sur, pero una plaga introducida en Australia. Por Chris Ison | Shutterstock.com

Últimas consecuencias y nuevas líneas de investigación

La degradación y la pérdida de hábitat, ocasionados por la fragmentación y el efecto de borde, suponen la mayor causa de extinción de especies en el planeta (de las especies que se extinguen, más del 30% lo hacen por este motivo). Estos procesos afectan en mayor medida a las especies más sensibles, a las más tímidas, como los anfibios o las aves. También, el efecto de borde y la fragmentación provocan que exista una menor variabilidad genética, que en última instancia puede derivar en la extinción de una especie.

La viabilidad de los hábitats adyacentes o fragmentados, y de las especies que se encuentran en los bordes se está investigando en la actualidad; por ejemplo, mediante el estudio de metapoblaciones: son grupos de poblaciones que ocupan una serie de áreas y “parches” de hábitats fragmentados, y están conectadas entre sí por corredores biológicos y/o desplazamiento de sus individuos. Gracias a este tipo de investigaciones, la biología de la conservación puede ser capaz de frenar a tiempo la actual tasa de desaparición de especies.

 

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