¿Cómo se comunican los animales?

La comunicación animal (zoosemiótica) es la transferencia de información entre individuos y grupos de animales. Ésta puede ser comunicación intraespecífica, como los sonidos y las vocalizaciones producidas por las ballenas en una vaina. Pero también incluye la comunicación interespecífica, que se puede observar en los casos de grandes simios a los que se les enseña a usar el lenguaje de señas.

Ambos ejemplos implican un cierto grado de intencionalidad, por no mencionar la inteligencia. Sin embargo, no toda la comunicación animal es así.

Además de los cinco sentidos humanos tradicionalmente reconocidos (gusto, vista, tacto, olfato y oído), algunas especies también son capaces de intercambiar información térmica, sísmica y eléctrica.

Cuando la información conduce a algún tipo de cambio de comportamiento por parte del receptor, esta comunicación puede denominarse “señalización”. Las señales de los animales pueden tener una serie de funciones, desde marcar el territorio o encontrar un compañero, hasta protegerse de los depredadores o localizar la comida.

¿Qué es la teoría de la señalización?

La teoría de la señalización predice que para que una señal se mantenga en una población, la interacción debe beneficiar tanto al emisor como al receptor. En Madagascar, por ejemplo, los lémures de frente roja pueden reconocer las alarmas de los sifacas, y al revés. La ventaja selectiva de poder detectar las alarmas de otras especies asegura que esta capacidad se transmita a las generaciones futuras.

Un par de lémures marrones de frente roja en el Parque Nacional de Isalo, Madagascar. Por Shoikhet's Photography | Shutterstock.com
Un par de lémures marrones de frente roja en el Parque Nacional de Isalo, Madagascar. Por Shoikhet’s Photography | Shutterstock.com

Señalización honesta vs. deshonesta

Es importante señalar que los términos “honesto” y “deshonesto”, cuando se utilizan junto con la señalización, no se refieren al sentido humano. No hay intencionalidad, más bien una señal se considera “honesta” si realmente transmite información útil al receptor.

Un buen ejemplo de ello es la señal de advertencia aposemática de un animal venenoso o peligroso. Por ejemplo, los colores negro y amarillo de una rana dardo (o sapito minero) venenosa. Esta es una señal honesta, ya que avisa al depredador del riesgo inminente. Una vez más, la señal es mutuamente beneficiosa. Los depredadores que son capaces de detectar el riesgo sobrevivirán y el rasgo será seleccionado.

Rana Dardo Venenosa de bandas amarilla (Dendrobates leucomelas). Por Dan Olsen | Shutterstock.com
Rana Dardo Venenosa de bandas amarilla (Dendrobates leucomelas). Por Dan Olsen | Shutterstock.com

La señalización deshonesta no implica engaño consciente, sólo que la señal puede transmitir información que no es verdadera. De hecho, hay ciertas especies que imitan la coloración de los animales aposemáticos. Por ejemplo, la inofensiva serpiente falsa coral (o falsa coralina). Sus bandas rojas, blancas y negras son muy similares a las de la (altamente venenosa) serpiente de coral.

Falsa corrillo real, Lampropeltis pyromelana, por Matt Jeppson, y una serpiente de coral por Matt Jeppson | Shutterstock.com
Falsa corrillo real, Lampropeltis pyromelana, por Matt Jeppson, y una serpiente de coral por Matt Jeppson | Shutterstock.com

El cangrejo violinista ofrece otro ejemplo de señalización deshonesta. Los machos de esta especie son conocidos por tener una garra grande, que utilizan cuando luchan por una pareja. Si un cangrejo violinista pierde su garra en la pelea, otra garra volverá a crecer en su lugar. Esta garra de reemplazo es del mismo tamaño, pero tiende a ser más ligera y más débil que la original. Sin embargo, sigue siendo una señal visual (deshonesta), que puede utilizarse para ahuyentar a otros machos y atraer a una compañera.

Cangrejo violinista caminando por un manglar. By duangnapa_b | Shutterstock.com
Cangrejo violinista caminando por un manglar. By duangnapa_b | Shutterstock.com

Señalización costosa

En algunos casos, al producir una señal, existe una relación directa entre el coste y el beneficio. Un buen ejemplo de esto, y que provocó más de un dolor de cabeza a Darwin, son las elaboradas plumas de la cola del pavo real.

Darwin escribió: “¡Las plumas del pavo real me ponen enfermo!”.

La cola de un pavo real desafió su teoría de la selección natural, ya que la adaptación parecía ser más un obstáculo para la supervivencia del ave que una ayuda. Las plumas de colores sirven para atraer a una compañera potencial, sin embargo, al abrir sus vistosas colas, los pavos reales también se vuelven más visibles a los depredadores.

Plumas de pavo real. Por val lawless | Shutterstock.com
Plumas de pavo real. Por val lawless | Shutterstock.com

Otro ejemplo de esto es el salto de rebote, realizado por las gacelas. Pegan grandes saltos hacia arriba, elevando simultáneamente las cuatro patas del suelo. Saltar así en el aire consume mucha energía y hace que la gacela sea más visible, así que ¿por qué lo hacen? Se ha observado que las gacelas son más propensas a hacer esto cuando los depredadores están cerca. Se cree que estos saltos es una demostración de la fuerza de la gacela, que disuade al depredador de atacar. Una vez más, la señalización proporciona una ventaja a ambas partes. Es menos probable que la gacela sea atacada y el depredador evita una larga e improductiva persecución.


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