Nos encontramos en otoño, una etapa de cambios, de oportunidades, de afrontar nuevos retos y desafíos. Es época de nuevos sentimientos y sensaciones. Porque el otoño huele a lluvia, a bosque, y a tierra mojada. Se escucha el susurro y la voz del viento. Y mientras que los tonos pardos, ocres y amarillos se apoderan de la tierra y los árboles, las luces y colores del cielo revelan los atardeceres más intensos del año. Y se respira esa tensa calma, la que se da cuando se acortan los días, cuando se caen las hojas y se desnudan las ramas, cuando se aguardan las primeras nieves y el impasible invierno.

En la naturaleza, además, el otoño es sinónimo de grandes viajes, de largos descansos, de imponentes batallas: la migración de las grullas, la hibernación del oso o la berrea del ciervo son ejemplos de notables eventos naturales que se dan a lo largo de esta temporada, y que marcarán el porvenir de los individuos protagonistas de estos fenómenos.

Especial importancia cobran, en este sentido, la selección sexual y el cortejo, ya que es a lo largo de esta estación cuando una gran mayoría de especies experimenta su período de celo, a fin de poder criar a los descendientes solamente unos meses después, cuando las condiciones ambientales son mucho más favorables. El hecho de sacar adelante a las crías significará, además, que los progenitores habrán superado de una manera eficaz muchas de las interacciones de competencia que se dan durante la época reproductora, y que explicamos a continuación.

La competencia es considerada como una de las interacciones biológicas más importantes a lo largo de la vida de los animales. Por David Clode
La competencia es considerada como una de las interacciones biológicas más importantes a lo largo de la vida de los animales. Por David Clode

La competencia intraespecífica durante la época de reproducción

A lo largo de la época de reproducción y, de igual manera, durante la selección sexual, es habitual que se produzcan una gran variedad de interacciones de competencia entre machos de la misma especie (disputas, combates, desplazamiento, etc.); interacciones que podrán determinar la eficacia de estos animales a la hora de encontrar pareja, sus posibilidades de reproducción y, en consecuencia, medirán su capacidad de supervivencia. Es decir, si esta competencia no se resuelve o solventa de una forma adecuada, la vida de los animales implicados podría estar comprometida.

Sabemos que estas relaciones de competición se dan, en una gran mayoría de ocasiones, de manera previa a producirse la cópula, como resultado de una lucha de poderes entre los animales más fuertes en su afán por conseguir hembras y disponer de territorios adecuados. Sin embargo, lo que en la mayoría de ocasiones se desconoce es que, después de producirse el apareamiento, pueden seguir existiendo circustancias que reflejen una relación de competencia. Veamos lo que sucede en ambos casos.

Una competencia previa a la selección sexual y al apareamiento

Los episodios de luchas, disputas y desplazamientos que se dan entre machos de manera previa al apareamiento son conocidos como competencia precopulatoria. Este tipo de competencia sucede cuando los machos, en su intento por cortejar y seducir a las hembras, se ven obligados a batallar frente a otros individuos con el fin de defender a sus potenciales parejas sexuales, así como para defender un territorio favorable. En este caso, los caracteres sexuales secundarios juegan un papel muy importante, ya que pueden favorecer la valoración de la capacidad de lucha.

Sin embargo, también es cierto que en muchas ocasiones los caracteres sexuales secundarios contribuyen de manera escasa a la supervivencia de los animales, e incluso pueden resultar contraproducentes. Por ejemplo, las astas de los cérvidos están ausentes en hembras, generalmente, y en machos únicamente las podemos encontrar durante ciertos meses al cabo del año, por lo que resultan ser al final un valor limitado contra competidores o depredadores. Igualmente, el crecimiento anual de las astas implica un elevado coste metabólico (en forma de sales de fósforo y calcio) y energético, que los animales han de asumir.

Las astas de los cérvidos pueden favorecer la valoración de la capacidad de lucha, pero también pueden resultar contraproducentes en otras ocasiones. Por Ming Jun Tan
Las astas de los cérvidos pueden favorecer la valoración de la capacidad de lucha, pero también pueden resultar contraproducentes en otras ocasiones. Por
Ming Jun Tan

Y es que, los extenuantes enfrentamientos directos, aun con resultados favorables, pueden reducir el éxito de desafíos futuros, por lo que son preferibles otros indicadores menos combativos: por ejemplo, en el caso de los ciervos, se demostró que existe una correlación positiva entre la capacidad de lucha de un macho y el número de berridos por minuto durante la época de berrea.

Una competencia que se produce después de la cópula

Además de una competencia previa a la cópula, hay situaciones en las que también se establece una relación competitiva una vez se ha producido el apareamiento, denominándose en este caso competencia postcopulatoria. Este tipo de competencia es bastante enérgica, mediante la cual los machos pretenden, en algunos casos, aumentar las posibilidades de éxito de la fecundación, mientras que en otros procuran evitar que las hembras no fecundadas por ellos consigan sacar adelante a sus crías.

En cualquier caso, y para que los machos logren sus objetivos, existe una gran variedad de métodos que son empleados por diferentes especies. A continuación conoceremos algunos de estos métodos, así como las distintas especies que los llevan a cabo:

Realizar una vigilancia incondicional de la hembra

La urraca es un ave común y fácilmente identificable, un córvido que se distribuye por prácticamente la totalidad del hemisferio norte. El macho, para asegurarse una correcta fecundación, realiza una vigilancia total de la hembra una vez que ha concluido la cópula, hasta que acaba la puesta de los huevos. Además, con el fin de garantizar la supervivencia de sus crías, ambos progenitores cuidan y alimentan de sus crías hasta que vuelan por primera vez, aproximadamente un mes después de su nacimiento.

La urraca (Pica pica) efectúa una vigilancia total sobre la hembra a lo largo del tiempo que dura la puesta. Por Natasha Miller
La urraca (Pica pica) efectúa una vigilancia total sobre la hembra a lo largo del tiempo que dura la puesta. Por Natasha Miller

Competencia espermática

Gracias a una serie de mecanismos y variados sistemas, muchos insectos son capaces de realizar una extracción de los espermatozoides depositados en el cuerpo de la hembra por otros machos. Por ejemplo, los machos de odonatos disponen en el pene de un flagelo con “dientes de sierra”, el cual se emplea para retirar el esperma que pudiera existir en la espermateca de la hembra, como resultado de cópulas anteriores con otros machos.

Un cortejo especial que sucede después del apareamiento

El cobo de Uganda es un gran antílope que habita las sabanas del África central, y que posee una característica mancha blanca en la garganta. Es una especie poligínica, un sistema en el que los machos pueden monopolizar grandes harenes de hembras. En el caso de este ungulado es característico que, tras la cópula entre los ejemplares, vuelva a iniciarse un mecanismo de cortejo, el cual provocará la contracción del útero de la hembra y, en consecuencia, mejorará la fecundación.

El cobo de Uganda (Kobus kob thomasi) vuelve a cortejar a la hembra después de que se produzca la cópula. Por Jukka Jantunen | Shutterstock.com
El cobo de Uganda (Kobus kob thomasi) vuelve a cortejar a la hembra después de que se produzca la cópula. Por Jukka Jantunen | Shutterstock.com

Infanticidio o la depredación de las crías

El infanticidio es un acontecimiento que puede producirse cuando el resultado predecible sea el aumento del éxito reproductor por parte de los machos; es decir, para los machos, matar a las crías puede resultar una situación ventajosa cuando conlleva la reanudación del estro de la hembra, y por tanto de su estado receptivo.

La depredación de las crías es un suceso habitual en algunas especies; sin embargo, el hecho de que no ocurra con más frecuencia es debido a que, para que se reinicie el estro de la hembra, se requiere la muerte de un número elevado de descendientes, algo que podría comprometer la supervivencia de la población.

Un aborto como respuesta defensiva

En ocasiones, las hembras de algunas especies animales son capaces de inducir su propio aborto, debido a un efecto feromonal conocido como efecto Bruce, el cual se origina por una exposición al olor de machos extraños. Por ejemplo, estudios en ratas han demostrado que, cuando las hembras huelen la orina de un macho extraño, éstas abortan para evitar un posible futuro infanticidio.

El infanticidio es habitual en especies como el león (Panthera leo). Por Fabrizio Frigeni
El infanticidio es habitual en especies como el león (Panthera leo). Por Fabrizio Frigeni

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