En Barcelona acaba de llegar el verano. Las temperaturas están subiendo rápidamente y el comportamiento de las personas empieza a cambiar. Bebemos más, nos ponemos menos ropa y encendemos el aire acondicionado de nuestras casas y oficinas. Sin embargo, a medida que la gente viaja por la ciudad, observamos más y más rostros rojos y cuerpos sudorosos.

Estas son algunas de las formas en que nos adaptamos a los cambios estacionales, pero ¿qué pasa con los animales? ¿Cuáles son los límites de la supervivencia humana? ¿Qué adaptaciones fisiológicas y de comportamiento emplean los animales para sobrevivir a las temperaturas extremas?

En este artículo exploraremos estas preguntas y echaremos un vistazo a algunos especialistas en supervivencia del mundo animal!

 

¿Qué es la termorregulación y por qué es importante?

La termorregulación es la capacidad de un organismo para mantener su temperatura corporal dentro de un rango específico. El proceso es un aspecto de la homeostasis, el estado de estabilidad dinámica de las condiciones internas.
En humanos, el rango normal es de 36.5-37.5°C, sin embargo las temperaturas pueden variar dependiendo de la edad del individuo. Las personas mayores generalmente tienen una temperatura corporal más baja. El ciclo circadiano también es un factor, con nuestra temperatura corporal bajando ligeramente temprano en la mañana y aumentando al final de la tarde.

Es importante que mantengamos nuestra temperatura interna dentro de este estrecho rango, ya que 37°C es la temperatura en la cual las enzimas del cuerpo trabajan mejor.

 

¿Cuáles son los límites de la supervivencia humana?

Las fluctuaciones más allá de este rango, por ejemplo, causadas por la exposición a temperaturas externas extremas, pueden ser extremadamente peligrosas.

Si tu temperatura corporal interna baja a 35°C o menos durante un período sostenido, se producirá un estado de hipotermia. Empezarás a experimentar temblores intensos, entumecimiento en tus extremidades y tu piel comenzará a adquirir un tono azulado.

A 33°C habrá una pérdida de movimiento en los dedos, te sentirás confundido y somnoliento. Pronto, el temblor se detendrá, tu ritmo cardíaco desacelerará y probablemente perderás el conocimiento. Una persona normalmente expira si su temperatura corporal alcanza los 21°C.

Parque Nacional de la Montaña Kopaonik, Serbia. Por Ready-made. Desierto de Wadi Rum, Jordania. Por Alberto Loyo. Shutterstock.com
Parque Nacional de la Montaña Kopaonik, Serbia. Por Ready-made. Desierto de Wadi Rum, Jordania. Por Alberto Loyo. Shutterstock.com

La exposición al calor extremo, que conduce a la hipertermia, es igualmente peligrosa. Cuando la temperatura de tu cuerpo alcanza los 38°C, experimentarás estrés y agotamiento por calor. Además de sudar profusamente, los síntomas incluyen dolor de cabeza, náuseas, mareos, debilidad y sed.

¿En qué momento la hipertermia se vuelve fatal? Esto es muy variable, ya que también depende de la humedad, lo que altera la temperatura aparente. Para dar un ejemplo, si la temperatura del aire es de 29˚C, pero hay cero humedad, en realidad se sentirá como 26˚C. Pero, con un 80% de humedad, ¡la misma temperatura se sentirá como 36˚C!

 

Termorregulación en animales

Probablemente estés familiarizado con la distinción entre organismos de sangre fría (ectotermos) y organismos de sangre caliente (endotermos). La mayoría de los peces, reptiles, anfibios e invertebrados son ectotérmicos, mientras que la mayoría de los mamíferos y aves son endotérmicos.

Ambas formas de termorregulación tienen sus ventajas. Los ectotermos no malgastan energía en generar su propio calor, así que tienen tasas metabólicas más bajas. Esto significa que hay menos presión para que coman con tanta frecuencia. De hecho, y como ejemplo, ¡las pitones pueden pasar un año entero sin alimentarse!

Dicho esto, para las especies endotermas, tener control sobre su temperatura corporal puede ser una ventaja real, ya que son mucho menos vulnerables a las fluctuaciones en las condiciones ambientales. Cualquiera que sea el clima, pueden seguir pastando, cazando o apareándose.

Sin embargo, en la naturaleza siempre hay algunas excepciones. No todos los mamíferos necesitan mantener su temperatura corporal dentro del mismo rango que los humanos. El suslic ártico tiene un rango crítico de 18-36°C y, durante la hibernación, puede bajar su temperatura corporal a -3°C. Entonces, ¿es correcto referirse a ellos como “de sangre caliente”?

Suslic ártico (Spermophilus parryii) en la nieve de primavera cerca de Carcross, Yukon, Canadá. By Jukka Jantunen | Shutterstock.com
Suslic ártico (Spermophilus parryii) en la nieve de primavera cerca de Carcross, Yukon, Canadá. By Jukka Jantunen | Shutterstock.com

Del mismo modo, no todos los peces son de “sangre fría”. El pez opah (o pez luna) es una de las pocas especies de peces que pueden mantenerse calientes, independientemente de la temperatura del agua circundante. Esto se consigue gracias a un sistema de intercambio de calor entre los vasos sanguíneos de las branquias.

Ahora, echemos un vistazo a algunas de las adaptaciones animales más extraordinarias:

 

Supervivencia en frío extremo

Bueyes almizcleros

Esta especie es una especialista en climas fríos. Los bueyes almizcleros viven en la tundra ártica congelada y tienen que soportar temperaturas de hasta -40°C. Lo logran gracias a su pelaje increíblemente grueso, que se compone de dos capas: pelos exteriores, llamados pelos de guardia, y un subpelo para un aislamiento adicional. Como los bueyes almizcleros son animales de rebaño, que viven en grupos de 20 a 30 individuos, también se amontonan para reducir la pérdida de calor. Este es un ejemplo de adaptación del comportamiento.

Bueyes almizcleros en la tundra. Por Michele Aldeghi | Shutterstock.com
Bueyes almizcleros en la tundra. Por Michele Aldeghi | Shutterstock.com

Ranas de la madera o ranas de bosque

Las ranas de la madera viven a lo largo de Norteamérica, tan al norte como los bosques árticos de Alaska. Para sobrevivir los meses de invierno, en los que las temperaturas descienden hasta -28°C, estas ranas emplean una estrategia especial: se congelan. A medida que se empieza a formar hielo a su alrededor, se liberan azúcares en todo el cuerpo, lo que protege las células de la rana de la contracción. A pesar de que su corazón deja de latir y hasta un 70% del agua de su cuerpo puede congelarse, todavía pueden sobrevivir el invierno. Cuando las temperaturas suben, su corazón comienza a latir de nuevo y su cuerpo reemplaza cualquier célula dañada.

La rana de la madera (Lithobates sylvaticus o Rana sylvatica) tiene una amplia distribución en Norteamérica, extendiéndose desde el bosque boreal de Canadá y Alaska hasta los Apalaches del sur. Por Viktor Loki | Shutterstock.com
La rana de la madera (Lithobates sylvaticus o Rana sylvatica) tiene una amplia distribución en Norteamérica, extendiéndose desde el bosque boreal de Canadá y Alaska hasta los Apalaches del sur. Por Viktor Loki | Shutterstock.com

Morsas

Con un peso de hasta 1,5 toneladas, estos mamíferos acuáticos de gran tamaño viven cómodamente en los duros mares del Ártico. Sus adaptaciones fisiológicas incluyen una pequeña relación entre la superficie (piel) y el volumen del animal, para minimizar la pérdida de calor, y una capa extremadamente gruesa de grasa para el aislamiento.

Como endotérmica, la morsa depende del calor metabólico para sobrevivir. Un adulto debe consumir unos 25 kg de alimento al día, generalmente en forma de almejas, caracoles, cangrejos, gambas, así como ocasionalmente en forma de carcasa de foca.

Grupo de morsas sobre un bloque de hielo en el alto Ártico canadiense. Por outdoorsman | Shutterstock.com
Grupo de morsas sobre un bloque de hielo en el alto Ártico canadiense. Por outdoorsman | Shutterstock.com

Supervivencia en condiciones de calor extremo

Camellos

Mientras que el aislamiento es clave para sobrevivir en condiciones frías, lo opuesto es la clave para los habitantes del desierto. Al igual que las morsas, los camellos también tienen grandes reservas de grasa, que se descomponen para producir agua y energía. En lugar de almacenar la grasa alrededor de su cuerpo como lo hacen las morsas, los camellos la guardan en un solo lugar: su joroba. De esta manera, limitan cualquier aislamiento no deseado.

Dos camellos de Mongolia. Por Maxim Petrichuk | Shutterstock.com
Dos camellos de Mongolia. Por Maxim Petrichuk | Shutterstock.com

Termitas magnéticas

Esta especie de invertebrado, endémica de Australia, construye montículos elaborados que alcanzan los 4 metros de altura y pueden albergar un millón de termitas. Sus montículos están siempre orientados en dirección norte-sur, de ahí su nombre. Este detalle asegura que su nido reciba calor del sol en sus lados este y oeste al amanecer y al atardecer, mientras que expone menos superficie al sol en el medio del día, cuando hay un riesgo mucho mayor de sobrecalentamiento.

Termitero magnético en el Parque Nacional de Litchfield, Australia. Por Stanislav Fosenbauer | Shutterstock.com
Termitero magnético en el Parque Nacional de Litchfield, Australia. Por Stanislav Fosenbauer | Shutterstock.com

Fénecos o zorros del desierto

Los fénecos están muy bien adaptados al calor inhóspito del desierto del Sahara. Han desarrollado unas orejas enormes que pueden crecer hasta tener la mitad del tamaño de su cuerpo. Además de ayudarles a detectar presas, contienen una extensa red de vasos sanguíneos que permiten una rápida pérdida de calor a través de un proceso llamado vasodilatación. En cuanto a las adaptaciones conductuales, presentan hábitos nocturnos. Cazan por la noche y se retiran a sus guaridas subterráneas durante el calor del día.

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