Tal y como explicábamos hace pocas semanas en el artículo “UICN – Lista Roja de Especies Amenazadas: estado de conservación”, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) ha vuelto a actualizar el número de especies incluidas en la Lista Roja de Especies Amenazadas, ascendiendo en este momento a casi 100.000 especies distintas. De todas ellas, el 25% se encuentra actualmente en peligro de extinción.

El número de especies que se incluyen en la Lista Roja sigue aumentando cada año y, en este momento, las 100.000 especies que se acaban de alcanzar son consideradas como un número demasiado elevado. Sin embargo, ¿corren todas estas especies el mismo riesgo? La respuesta es no. Aunque las causas antrópicas son determinantes en la extinción de especies (sobre todo el conocido “efecto de borde” y la fragmentación de hábitats), nuestra actividad no es la misma en todos los lugares, por lo que la fauna de cada entorno y ecosistema no sufre de igual manera los diferentes efectos que provoca el ser humano. Entonces, ¿qué especies son más susceptibles a extinguirse? En este artículo, vamos a descubrir los grupos que se encuentran más expuestos.

Especies con un área de distribución restringida

Las especies que ocupan un área de distribución muy restringida tienen un riesgo mayor de extinción, ya que la mayoría carece de alternativas cuando su territorio es fragmentado, destruido o degradado (también, cuando se introducen especies exóticas). Además, suelen ser especies que, de por sí, no alcanzan altas densidades de población, como suele ocurrir con los endemismos insulares: por ejemplo, el pinzón azul de Canarias (Fringilla teydea).

Las especies que habitan en islas son muy susceptibles a un mayor riesgo de extinción, por muchos motivos: competencia por recursos y espacio con otras especies (puede suponer desplazamiento), pequeños tamaños poblacionales (disminuye el éxito reproductivo), más casos de hibridación, posible entrada y naturalización de especies invasoras, posible entrada de enfermedades y parásitos, etc. El dodo, por ejemplo, fue un ave que habitaba en la isla Mauricio y en la isla Reunión, y sufrió algunos de estos efectos, lo que terminó por llevarle a la extinción (aunque la razón principal fue la caza).

Grabado de dodo rodeado de loros y patos, publicado en 1844. Por gallimaufry | Shutterstock.com
Grabado de dodo rodeado de loros y patos, publicado en 1844. Por gallimaufry | Shutterstock.com

Especies migratorias y campeadoras

Las especies migratorias también están más expuestas a una posible extinción, ya que no dependen únicamente de la adecuada conservación de un lugar, sino que dependen del buen estado de cada territorio que ocupan: es decir, dependen de la buena calidad de más ambientes que aquellas especies que no sean migratorias, que sólo ocupen un único territorio. Por tanto, necesitan que los nuevos territorios ocupados reúnan características adecuadas: un tamaño suficiente, recursos naturales, etc. Un ejemplo clásico sería el de las aves migratorias, las cuales recorren miles de kilómetros durante sus viajes, en busca de regiones convenientes. Sin embargo, hay otros muchos ejemplos de especies que pueden llegar a sufrir un riesgo alto de amenaza, como es el caso de los salmónidos: dependen del mantenimiento y la protección de los mares, lagos y ríos donde se produce el desove.

Salmón del Atlántico (Salmo salar) saltando sobre una presa en el río Severn en Shropshire, Inglaterra. Por Kevin Wells Fotografía | Shutterstock.com
Salmón del Atlántico (Salmo salar) saltando sobre una presa en el río Severn en Shropshire, Inglaterra. Por Kevin Wells Fotografía | Shutterstock.com

Las especies campeadoras sufren, igualmente, un alto grado de amenaza: son aquellas que precisan de grandes territorios y, por tanto, corren un mayor riesgo al ser más difícil controlar la totalidad del área de campeo. Las especies campeadoras no solo divagan, sino que recorren grandes distancias al día para mantener el control del territorio, ya sea a pie (especies terrestres) o volando a lo largo de muchos kilómetros (aves). Las rapaces y los cánidos son algunos de los ejemplos de este tipo de especies, en las que una sola pareja requiere muchas hectáreas de territorio.

Especies de gran tamaño corporal

Muchas de estas especies campeadoras y migratorias que acabamos de explicar, que se desplazan a lo largo de kilómetros y kilómetros, deben ingerir una gran cantidad de alimento para obtener la energía necesaria para sus actividades diarias, por lo que suelen tener también grandes tamaños corporales. Así, los grandes carnívoros y herbívoros, han de buscar el alimento durante sus desplazamientos, aumentado el riesgo de encontrarse con alguna amenaza y con la incertidumbre de si encontrarán comida. Son también un grupo susceptible a un mayor riesgo: es lo que sucede, por ejemplo, con el oso polar (Ursus maritimus).

Oso Polar (Ursus maritimus). Por Vaclav Sebek | Shutterstock.com
Oso Polar (Ursus maritimus). Por Vaclav Sebek | Shutterstock.com

Especies especialistas o k-estrategas

Las especies especialistas o k-estrategas son uno de los grupos con mayor riesgo de extinción: suelen tener muy pocos descendientes y, además, invierten muchos recursos en el cuidado de las crías. Son especies que no suelen explorar con efectividad otros territorios o ambientes, estableciéndose en los alrededores de su lugar de nacimiento, y cerca de los padres.

De este modo, en el caso de que haya una amenaza, no disponen de la capacidad para desplazarse a otros lugares, evitando así el peligro. Es decir, no suelen tener la flexibilidad necesaria para adaptarse a otros ambientes. Los gorilas son un ejemplo de este tipo de especies especializadas.

Una gorila de montaña hembra con un bebé. Uganda. Parque Nacional Bosque Impenetrable de Bwindi. Por Gudkov Andrey | Shutterstock.com
Una gorila de montaña hembra con un bebé. Uganda. Parque Nacional Bosque Impenetrable de Bwindi. Por Gudkov Andrey | Shutterstock.com

Especies típicas de ambientes estables

Las especies características de ambientes estables y homogéneos son más sensibles a cualquier tipo de cambio ambiental (físicos, químicos, biológicos, etc.), por lo que una pequeña variación del entorno podría suponer un grado de amenaza irreparable en esas especies, al no soportar sucesos como un posible desplazamiento. En este sentido, los anfibios son un grupo considerablemente sensible.

Especies que forman pequeños bandos o grupos

Las especies que forman bandos o pequeños grupos son más visibles ante los depredadores, por lo que son más sensibles a la caza. Además, cuando estos grupos no son demasiado grandes, pueden llegar a sufrir el denominado “efecto Allee”: cuando el tamaño de población o la densidad caen por debajo de un determinado umbral, se puede producir un rápido descenso de la viabilidad o el vigor poblacional, y aumenta el riesgo de extinción.

El zorro isleño (Urocyon littoralis), por ejemplo, es una especie que ha sufrido las consecuencias negativas de este efecto. Algunas de ellas son: dificultad a la hora de encontrar pareja, menor éxito cazador, falta de termorregulación social, etc., consecuencias que han llevado a esta especie prácticamente a la extinción.

Zorro gris de Isla Catalina escondido en la hierba. Por Kat Kehl | Shutterstock.com
Zorro gris de Isla Catalina escondido en la hierba. Por Kat Kehl | Shutterstock.com

3 Comentarios

  1. Tu información me resultaría muy util, sin embargo, no tiene ni fecha de publicación ni referencia bibliografica, por lo que tu articulo no puede ser citado en un trabajo.

    • Hola Diego. La fecha de los artículos ha estado no disponible durante unos días por un tema de configuración. Pero ya vuelven a estar disponibles. En cuanto a las referencias bibliográficas, normalmente hacemos estas referencias a través de los links en los puntos donde es oportuno, tal como hacen otros websites de contenidos similares. ¡Muchas gracias por comentar!

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